The Dirt (2019)

The_Dirt-posterDebido al masivo éxito que tuvo Bohemian Rhapsody (2018), la que fue vista por millones de personas y nominada a importantes premios, dentro de este año hay por lo menos dos películas biográficas musicales que probablemente generarán algunas comparaciones con la cinta que cuenta la historia de Queen. La primera es Rocketman (2019), basada en la vida de Elton John y que llegará a los cines en las próximas semanas, y la segunda es The Dirt, que ya fue estrenada en Netflix y que gira en torno a la banda de rock Mötley Crüe, mostrando su ascenso a la fama, problemas con las adicciones, disolución y reencuentro.

Mientras la película de Freddie Mercury y compañía era excesivamente convencional, recurriendo además a una manera de caracterizar a sus personajes alejada de las controversias espinosas, tratando de no herir demasiadas susceptibilidades ni egos, The Dirt entra de lleno en los aspectos más impactantes de la banda retratada. La primera escena de la cinta es una colección de excesos, donde se muestra a sus protagonistas -el bajista Nikki Sixx (Douglas Booth), el baterista Tommy Lee (Colson Baker), el vocalista Vince Neil (Daniel Webber) y el guitarrista Mick Mars (Iwan Rheon)- envueltos en situaciones difíciles de describir en palabras, sobre todo la que ocurre al final de la secuencia. Es una manifestación salvaje y mutante de la conocida frase “sexo, drogas y rock and roll“.

La diferencia entre ambas obras no parece ser el rol que tuvieron los miembros de las bandas en sus respectivas películas, ya que en las dos participaron como productores ejecutivos. Quizás se trata del tipo de película al que aspira cada una. Queen posee claramente un mayor prestigio que Mötley Crüe en términos musicales, y la figura de Mercury, sobre todo después de su muerte, ha alcanzado niveles de leyenda, así que resulta lógico que haya un interés por crear una historia más solemne y épica. Los protagonistas de The Dirt, por su parte, han estado ligados al glam metal, un género musical que no ha pasado a la historia como un sonido demasiado complejo ni revolucionario, destacando más por su aparatoso espectáculo visual que por sus melodías. Por eso, no existe una aspiración por elevar un tipo de material que tampoco tiene el potencial para alcanzar a ser demasiado trascendente.

Esta película es consciente de sus limitaciones y decide desenvolverse dentro de esos confines. Por eso, cuando aparecen las inevitables escenas donde los personajes componen sus canciones, el proceso creativo que vemos es rudimentario, básico. Aunque la banda tiene temas populares y pegajosos, que suenan a lo largo del metraje, no alcanzan el nivel de himnos que tienen algunas canciones de Queen. La atención de esta película se encuentra más bien sobre aquellos aspectos que rodean a su labor musical, o que son consecuencia directa de ese trabajo: el dinero, la fama, las drogas, las mujeres. Todo esto es representado de forma estrepitosa, reflejando el éxtasis frenético que los integrantes del grupo debieron sentir en ese momento.

Basada en el libro autobiográfico homónimo de Mötley Crüe, escrito por sus cuatro miembros, The Dirt no se guarda muchas cosas ni es demasiado sutil al momento de narrar los hechos. Una de las escenas, por ejemplo, muestra al grupo interactuando con Ozzy Osbourne (Tony Cavalero), una especie de gurú para el estilo de vida que ellos tienen, y que un día junto a una piscina demuestra por qué. Según la película, el caos que provocan los protagonistas donde quiera que van no es el resultado de una misión autoimpuesta por tratar de ser más “rockeros”, sino que es simplemente parte de su esencia; es algo incontrolable. Tiene sentido, por lo tanto, que el director de la obra sea Jeff Tremaine, uno de los creadores del programa de televisión Jackass, quien ha reconocido notar algunos paralelos entre el comportamiento de estos músicos y las hazañas de Steve-O y Johnny Knoxville.

Para los guionistas de Bohemian Rhapsody era casi imposible hacer una historia que no girara irremediablemente alrededor de Freddie Mercury, debiendo quedar el resto de los integrantes de Queen como personajes secundarios, en roles algo limitados. En el caso de Mötley Crüe no se produjo ese inconveniente, ya que no existe una figura de ese nivel, así que los guionistas Amanda Adelson y Rich Wilkes pudieron darle a cada uno de los músicos unas personalidades determinadas, conflictos propios y un pequeño arco personal. De esta manera, Nikki Sixx es el personaje autodestructivo que proviene de un hogar roto, Tommy Lee es un joven ingenuo e impulsivo que no es completamente consciente de sus acciones, Mick Mars es un tipo retraído que debe sufrir las constantes molestias de su estado de salud, y Vince Neil es un mujeriego cuya vida se ve marcada por dos muertes trágicas.

Narrativamente, The Dirt también comparte el foco entre sus diferentes protagonistas. La película rompe constantemente la cuarta pared, a través de la voz en off de los músicos e incluso momentos en los que miran directamente a la cámara. A lo largo del metraje, los cuatro personajes se dirigen hacia la audiencia, de manera intercalada, un recurso que a veces resulta medio forzado e innecesario, pero que es coherente con el aire desordenado de la obra. Pretender encontrar un uso mesurado y elegante del lenguaje cinematográfico en una película llena de cocaína, strippers y habitaciones de hotel destrozadas, sería un error.

Sin embargo, detrás de la fachada desenfrenada de la obra se encuentra una trama que cumple con varias fórmulas de este tipo de películas biográficas. El camino que siguen los protagonistas es uno ya conocido, y por lo mismo los elementos más llamativos de la película se limitan a aquellos aspectos que se encuentran en la superficie del relato, sin modificar esta típica historia de éxito, fracaso y redención. Es en ese núcleo donde la cinta se asemeja más a Bohemian Rhapsody, ya que pese al desorden y pirotecnia que ocupa durante sus secuencias, no se trata de un trabajo que innove donde realmente importa.

El director tampoco es claro al momento de definir la respuesta que sus protagonistas quieren generar en el espectador, sobre todo con las cuestiones más controvertidas del relato. Representar las conductas más cuestionables de los músicos era algo ineludible, dado que forma parte de quiénes eran y fueron la base de la fama que adquirieron dentro de esa industria, pero una cosa es representar algo y otra establecer la forma en que será interpretado. En una escena, por ejemplo, Micky Mars se resta de la cosificación que sus compañeros hacen de las mujeres, pero el personaje es caracterizado a lo largo de la obra como alguien excéntrico, raro, así que no sabemos si ese momento es genuino o un chiste más.

Se nota el afecto que Tremaine siente por los personajes, demostrando empatía a través de algunas secuencias más serias, así que no estamos ante una película como The Wolf of Wall Street (2013), donde los excesos y defectos del protagonista son mostrados con tal brusquedad que sin la necesidad de objetarlos uno puede concluir que es algo reprochable. No obstante, eso no significa que The Dirt absuelva a los músicos de todo pecado, ya que también muestra las consecuencias negativas de su actuar, sobre todo con el consumo de drogas. Lo dudoso es determinar si los momentos de máximo delirio en la cinta son una celebración genuina de lo ocurrido o solo una franca representación de lo ocurrido; en otras palabras, unos momentos realmente celebrables o el germen del mal que explotará después.

Un pensamiento en “The Dirt (2019)

  1. Pingback: Her Smell (2018) – sin sentido

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