Pokémon Detective Pikachu (2019)

Pokémon_Detective_Pikachu-posterLa vara que existe para las películas basadas en videojuegos no es demasiado alta. Una serie de estrenos fallidos y un par de cintas regulares han hecho que estas adaptaciones generen más desconfianza que expectación entre los espectadores, y debido a desastres como Super Mario Bros. (1993) o Street Fighter (1994) cualquier cinta que sea más o menos competente termina siendo bienvenida. Es por eso que, con sus falencias y todo, Pokémon Detective Pikachu no necesitó de mucho para ubicarse dentro de los mejores trabajos de esta categoría cinematográfica; aunque es necesario aclarar que el bajo nivel de sus predecesoras tampoco debería ser un impedimento para reconocer los méritos que tiene.

Era solo cosa de tiempo para que la popular franquicia creada por Satoshi Tajiri llegara al cine de imagen real, y luego de una veintena de películas animadas, se estrenó esta producción que combina los esfuerzos de Japón, su país de origen, y Hollywood. Si bien los elementos que hicieron famosos a sus videojuegos y anime incluyen las batallas entre los Pokémon, la captura y entrenamiento de esas criaturas, la exploración de diferentes territorios, y las competiciones a través de gimnasios y ligas, esta cinta se aleja de esos pilares y prefiere adaptar una obra menos conocida de la saga, una especie de spin-off disponible para la consola Nintendo 3DS, donde la historia se desenvuelve en torno a la resolución de misterios y la mecánica de juego se basa en acciones distintas a las habituales en los títulos tradicionales, acercándose más el género de la aventura que a los RPG.

Esta desviación de los aspectos fundacionales de Pokémon permite además que la película evite de manera conveniente algunas de las cuestiones éticas más espinudas de la saga, como el estatus que tienen dichas criaturas dentro del mundo que habitan y su participación en peleas a las que son enviados por sus entrenadores. La omisión puede ser desalentadora para los fanáticos que esperaban algo similar a la serie animada, pero es un cambio que funciona en beneficio del relato y evita agregar demasiadas cosas a la trama. Con esos elementos fuera del camino, el interés de la película pasa a centrarse más en la construcción del universo donde transcurre la historia y las interacciones entre los personajes.

La película está ambientada en Ryme City, una metrópolis diseñada por Howard Clifford (Bill Nighy), un empresario que busca la colaboración entre humanos y Pokémon, prohibiendo las batallas y promoviendo la igualdad entre ellos. Un joven llamado Tim Goodman (Justice Smith) llega a la ciudad tras la muerte de su padre, quien trabajaba como policía. Las misteriosas circunstancias que rodean al fallecimiento, que ocurrió mientras investigaba un caso, lo llevan a conocer al compañero de su padre, un Pikachu (Ryan Reynolds) que tiene la peculiaridad de poder hablar solo con el joven, y está decidido a descubrir lo que realmente le pasó al policía. A esto se suma el escape de un poderoso Pokémon, la presencia de un peligroso químico que vuelve violentas a esas criaturas, y la ayuda de una reportera llamada Lucy Stevens (Kathryn Newton).

Si bien las escenas introductorias podrían haber sido mejores al momento de presentar este particular mundo, y a lo largo del metraje hay ocasiones donde la calidad de los efectos digitales interrumpe la ilusión de estar viendo algo que realmente existe, por lo general Pokémon Detective Pikachu hace un buen trabajo dando forma a su universo. El director Rob Letterman está lejos de la maestría de alguien como Steven Spielberg, un experto en transmitir la sensación de asombro al público, pero hay algunos detalles que le otorgan vitalidad a la ciudad donde transcurre la obra. Sin llegar al nivel de creatividad de cintas como Who Framed Roger Rabbit (1988) o Zootopia (2016), que presentaban varias capas de imaginación, se nota un cuidado por darle coherencia al entorno donde conviven sus personajes.

Parte de los desafíos de trasladar ese entorno al cine con actores de carne y hueso era el diseño de los Pokémon, que debían equilibrar una apariencia de carácter realista -para que sea creíble que comparten el mismo mundo con las personas- con aquellos rasgos caricaturescos de los dibujos originales. El resultado varía de caso en caso, pero en términos generales está bien logrado. Pikachu mantiene el look que lo ha caracterizado, el que es complementado con un pelaje realista, lo que también ocurre con Psyduck y sus plumas. Los casos más extraños ocurren con los Pokémon que no tienen pelos ni plumas que cubran su piel, como Mr. Mime, cuyas texturas resultan algo raras debido a su realismo, aproximándose al terreno del valle inquietante. Esto ocurre también por la propia contextura del personaje, una de las pocas criaturas de ese universo que tiene forma humana.

El mundo presente en los videojuegos es estrafalario, y la cinta mantiene parte de ese espíritu en sus escenas. Aunque la fotografía a cargo de John Mathieson evoca la estética del cine negro (específicamente su vertiente “neón”), siendo influenciado por trabajos como Blade Runner (1982) de Ridley Scott, el relato no posee un enfoque excesivamente realista ni oscuro, sino que apela también a el lado extravagante del material original. Es difícil acostumbrarse a momentos donde actores de la talla de Bill Nighy o Ken Watanabe dicen diálogos que involucran nombres o términos ligados a los Pokémon, ya que el contraste que se produce es algo ridículo, pero al final todo eso es parte de una adaptación de este tipo.

Haber crecido con los videojuegos y el anime parece un requisito fundamental para disfrutar mejor la película, que complementa esa experiencia no solo con guiños breves sino también con una forma de desarrollar el relato que exige un cierto conocimiento de la franquicia. Con millones de fanáticos alrededor del mundo, y una ubicuidad que permite a quienes no han visto ni jugado sus productos tener una noción básica de su funcionamiento, esa limitación no es del todo perjudicial, pero si arriesga que los recién llegados no conecten del todo con la cinta. Gran parte del encanto de la película consiste en ver en un formato nuevo algo que conocíamos y queríamos desde antes.

Para equilibrar ambas situaciones, uno de los principales atractivos de la obra es la forma en que es caracterizado Pikachu, quien a diferencia de los demás Pokémon que solo pueden decir sus propios nombres, es capaz de comunicarse con el protagonista a través de la voz del actor Ryan Reynolds. Es un planteamiento llamativo, que le otorga un valor cómico más amplio a la cinta, que funciona incluso prescindiendo de los elementos ligados a la franquicia. Es, por ejemplo, parecido a lo que ocurre con una película como Ted (2012), donde el humor es construido sobre el contraste entre la apariencia del personaje y su personalidad sarcástica. En Pokémon Detective Pikachu, claro, estamos ante una historia calificada para casi todo espectador, así que los chistes adultos están más controlados que en la obra de Seth MacFarlane.

Además de la comedia que surge de la actuación de Reynolds, la película va construyendo una efectiva relación entre sus dos personajes principales. Que Tim esté investigando lo que ocurrió con su padre, de quien estuvo distanciado durante varios años, permite darle a la historia una fructífera dimensión emotiva. Habría sido ideal que la obra explorase con más detención ciertos aspectos personales del protagonista, ya que no queda del todo justificada la razón de su aversión a los Pokémon, pero el núcleo de la cinta resulta honesto y le da una mayor sustancia a lo que vemos en la pantalla.

Sin ser una película muy sobresaliente, Pokémon Detective Pikachu logra crear un relato entretenido, que desde una historia algo periférica de esta franquicia apunta hacia su esencia: la creación de lazos de afecto. Es una cinta dirigida a un público mayoritariamente infantil, así que la complejidad de la trama no es descomunal, simplificando varias de sus ideas, pero no por eso margina a los adultos, ya que son ellos quienes permitieron el éxito de Pokémon cuando debutó un par de décadas atrás.

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