High Life (2018)

High_Life-posterLa película High Life comienza con los planos de un huerto. La cámara se mueve inicialmente para mostrarlo de forma general, y luego ocupa unos planos más detallados para resaltar algunos elementos como las gotas de agua que se posan sobre los vegetales y las hojas. No hay nada que nos haga verlo como algo distinto que un huerto común y corriente, siendo sus imágenes sucedidas por las de unos pasillos y rincones de lo que parece ser una especie de prisión. En el interior se encuentra un bebé, que es mostrado interactuando con un astronauta a través de una radio, separados por lo que asumimos son varios años luz de distancia. Este lugar, sin embargo, es luego revelado como una nave espacial, que se convierte en el escenario donde transcurre esta poco convencional cinta de ciencia ficción, y el astronauta solo estaba realizando una tarea en su exterior.

Debido a una mezcla de recursos económicos limitados y la visión de su propia directora, el diseño de producción de la obra es sencillo, sin la grandilocuencia a la que aspiran otras obras de ese género cinematográfico. Dentro de lo que se puede considerar como lo-fi sci-fi, su austeridad no es un obstáculo demasiado grande para que el relato pueda explorar aspectos como los viajes espaciales. La nave está despojada de elementos superfluos, y el diseño de esta se asemeja al de un cubo que viaja por el espacio, ya que debido a las condiciones de ese entorno no es necesario que sea aerodinámica. El interior de la nave tiene una cualidad casi tangible, lo que crea la ilusión de que sus personajes realmente han habitado en ella.

Cuesta un poco que la cinta se ponga en movimiento, ya que durante quince minutos la atención de la película se encuentra sobre ese astronauta, llamado Monte (Robert Pattinson), y su pequeña hija Willow (Scarlett Lindsey). En esas primeras escenas, la cámara los observa de manera detenida, contemplativa, mostrando con extrema paciencia algunas situaciones cotidianas de los personajes a bordo de la nave. Pero esta no es una obra como Moon (2009) de Duncan Jones, donde el interés de la cinta surge de la soledad del protagonista, y luego de un momento en el que Monte se deshace de los cadáveres del resto de la tripulación, somos testigos de qué es lo que ocurrió con ellos y cómo el personaje principal llegó a estar en esa posición.

High Life es el primer largometraje hablado exclusivamente en inglés de la directora francesa Claire Denis, una de las cineastas más prestigiosas del cine arte europeo en las últimas décadas. Es también su primera incursión en la ciencia ficción, aunque en algunos sitios web se ha señalado que no pertenece del todo a ese género. La apreciación me llamó la atención, e incluso me hizo sospechar un poco, ya que puede ser tomada como un intento de renegar de ese tipo de películas, adoptando una posición de falsa superioridad artística para desligarse de un tipo de historias que son subestimadas. Sin embargo, el comentario apunta a que la cinta no se adentra demasiado en la especulación científica, es decir, en imaginar las posibilidades de la tecnología a futuro, ocupando más bien elementos que se asemejan a lo que ya existe en la actualidad.

Aunque esa precisión puede ser cierta, no es la única razón para considerar a una obra como parte del género de la ciencia ficción, ya que las conjeturas que esas cintas pueden hacer también son posibles desde un punto de vista más sociológico, tratando de reflexionar acerca de cómo ciertas situaciones humanas se pueden desarrollar si se involucra un determinado tipo de tecnología. Eso es lo que ocurre con esta película, donde la tripulación de la nave está compuesta por un grupo de convictos cuyas penas de cárcel fueron sustituidas por una misión científica en el espacio exterior, donde el principal objetivo consiste en acercarse a un agujero negro y utilizarlo como una poderosa fuente de energía.

Además de eso, y por razones que no son explicadas, a bordo de la nave también se realiza otro tipo de experimento, el que está a cargo de una doctora de apellido Dibs (Juliette Binoche), que consiste en inseminar artificialmente a las mujeres de la tripulación y monitorear sus embarazos. Mientras el resto de los hombres colabora con esta actividad, Monte prefiere restarse del experimento y adoptar una actitud más taciturna hacia todo lo que está ocurriendo. Esta dimensión sexual de la historia no alcanza a ser demasiado justificada en términos lógicos, pero sirve como uno de los aspectos del relato que genera mayor intriga. El aislamiento en el que se encuentran los personajes y la manera en que la doctora va manipulando sus impulsos, son la combinación perfecta para que la tensión entre ellos aumente y todo termine en un desastre.

Junto con Robert Pattinson y Juliette Binoche, el reparto de la película está compuesto por nombres como Mia Goth y André Benjamin (André 3000 del dúo de hip hop Outkast). Pattinson vuelve a demostrar lo interesante que ha sido el giro de su carrera desde su salto a la fama con Twilight (2008), apostando por proyectos más arriesgados, mientras que Binoche vuelve a trabajar con la misma cineasta después de Un beau soleil intérieur (2017). A pesar del renombre de estos actores, algo poco usual en los trabajos de Denis, la cinta no compromete su visión para resultar más accesible, mostrando en cambio un relato que a veces es desafiante y opaco. El montaje de Guy Lecorne, por ejemplo, recurre de vez en cuando a una asociación más flexible que la utilizada en el cine convencional, vinculando ideas o sentimientos que van rompiendo con el carácter lineal de la trama.

El enfoque enigmático o ambiguo de la obra funciona, pero no con la efectividad de algunas películas de ciencia ficción recientes como Under the Skin (2013) o Annihilation (2018), cuyas poderosas atmósferas son capaces de cautivar al espectador aun en aquellos momentos donde no sabemos lo que está ocurriendo del todo. High Life es algo más tangencial en su enfoque, lo que genera también una reacción menos determinada de parte del espectador.

Un pensamiento en “High Life (2018)

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