Rocketman (2019)

Rocketman-posterSi las comparaciones entre Bohemian Rhapsody (2018) y Rocketman eran inevitables debido al tipo de historia que narran, lo son aún más por la participación que tuvo Dexter Fletcher en ambas. Fletcher estuvo ligado en un principio a la película sobre la banda de rock Queen, pero el puesto de director fue finalmente otorgado a Bryan Singer. Sin embargo, la desvinculación de Singer de ese proyecto obligó a los realizadores a buscar alguien que lo reemplazara para terminar la cinta, y el encargado fue precisamente su antecesor. Su tarea, no obstante, estuvo bastante delimitada, ya que al hacerse cargo de una obra que ya había sido planeada e iniciada por otro cineasta, su trabajó consistió más que nada en tratar de emular ese enfoque ya definido, sin llamar demasiado la atención.

Este rol de solucionador de problemas se diferencia del que tuvo en Rocketman, centrada en la vida de Elton John, ya que se trata de una cinta que fue desarrollada por él desde el inicio, y de manera más libre. Ambas obras comparten un relato acerca de músicos británicos, que crecieron en un hogar tradicional, se embarcan en un arriesgado viaje artístico, deben descubrir su verdadera sexualidad, se ven agobiados por los excesos, y alcanzan la redención. Pero esas similitudes no se extienden del todo al estilo que ocupan para narrar sus relatos, ya que en esta nueva película Fletcher prefiere combinar el desafío de reproducir ciertos momentos y aspectos del pasado de su protagonista con elementos más ligados a la fantasía, lo que permite ver ciertos pasajes de su vida desde una perspectiva más subjetiva.

El enfoque utilizado permite darle un mayor atractivo a una obra que narra los hitos típicos de varias biopics. Su protagonista, Reggie Dwight (Matthew Illesley y Kit Connor), pasó su infancia en Londres junto a sus padres Stanley (Steven Mackintosh), un distante teniente de la fuerza aérea, y Sheila (Bryce Dallas Howard), una descuidada y a veces hiriente ama de casa. El interés del niño por la música es subestimado por sus padres, pero su abuela Ivy (Gemma Jones) lo lleva a tomar clases de piano en la Real Academia de Música, donde destaca por su talento. Ya adulto, el protagonista inicia una carrera como músico, adoptando el nombre artístico de Elton John (Taron Egerton), y pronto inicia una fructífera colaboración con el letrista Bernie Taupin (Jamie Bell). Las canciones compuestas por el dúo no generan mucho impacto al comienzo, pero un viaje a Estados Unidos cambia esa situación y los lleva rápidamente a la fama, a un mundo en el que los vicios están siempre presentes.

Desde los primeros minutos del metraje somos testigos del estilo que Rocketman busca transmitir, ya que nos muestra a Elton John entrando a una reunión de adictos en un hospital vestido con un estrafalario atuendo, instancia que aprovecha para contar su pasado. Este es el esquema narrativo de la cinta, que a medida que vuelve al hospital donde el protagonista está narrando lo sucedido, lo muestra despojándose de su vestimenta para revelar su lado más íntimo. La herramienta de la reunión como esqueleto de la trama es algo burda en su ejecución, pero también permite una mayor introspección del personaje principal, quien a lo largo de la película enfrenta la interrogante de quién quiere realmente ser. Se trata de una dicotomía que refleja tanto las fortalezas como las debilidades de esta cinta.

La música también es ocupada para mostrar aquello que el protagonista siente y piensa. Aprovechando que estamos ante la biopic de un músico, la película forma parte del género del musical; es decir, las canciones no solo suenan cuando el protagonista las interpreta en algún concierto o en el estudio de grabación, sino que a veces se apoderan de las escenas de manera repentina, permitiendo que los demás personajes también participen. En esas secuencias los números musicales funcionan con su propia lógica, distinta a la del “mundo real”, y es a través de esas válvulas de escape que el aire fantástico de la obra se va materializando en la pantalla. Es algo que hace recordar al musical Across the Universe (2007), que, si bien no narraba la historia de The Beatles, ocupaba sus canciones para expresar lo que sentían sus protagonistas.

Como en aquella película, las secuencias musicales de Rocketman permiten crear un llamativo esplendor visual, lo que se puede ver en la coreografía de “Saturday Night’s Alright for Fighting” y en el diseño de producción y paleta de colores de “Bennie and the Jets”. Dado que la música ocupada depende de lo que se quiere transmitir en cada escena, la cinta es flexible con la cronología y los hechos contados, prefiriendo la efectividad narrativa por sobre la veracidad fáctica de ciertos detalles. Aunque las canciones de Elton John dan la oportunidad de crear números extravagantes, también hay oportunidades donde musicalizan situaciones más sobrias y emotivas, como la escena donde el protagonista interpreta por primera vez “Your Song”.

Es en secuencias como esa donde sale a relucir otro de los pilares de la obra, el trabajo de Taron Egerton. Sin la necesidad de alcanzar un parecido físico extraordinario con Elton John, su interpretación resulta efectiva ya que las emociones demostradas se sienten genuinas. Vemos la vulnerabilidad del protagonista en sus peores momentos, las dudas que enfrenta y su pasión por la música cuando canta. Todo eso permite que su actuación destaque por sobre la de Rami Malek en Bohemian Rhapsody, cuyo Freddie Mercury me costó tomar completamente en serio. Egerton, en cambio, le otorga un mayor peso y humanidad al protagonista de esta obra, lo que también se ve reflejado en las canciones que interpreta, las que fueron entonadas por el propio actor, otro aspecto que lo diferencia de Malek.

Esta obra se ve beneficiada además de un aspecto que puede parecer poco trascendente, pero que influye finalmente en cómo se puede contar una historia. Mientras Bohemian Rhapsody fue clasificada para mayores de 13 años en Estados Unidos, explorando de manera tangencial los elementos más problemáticos en la vida de Mercury, Rocketman recibió una clasificación para mayores de 17 años. El mismo Elton John estuvo en contra de bajar el tono de los hechos narrados, ya que según él no llevó una “vida PG-13”. De esta manera, la cinta es capaz de mostrar los abusos de sustancias que sufrió el protagonista y también la complicada relación sentimental que mantuvo con John Reid (Richard Madden), su representante.

El riesgo de caer en un mero ejercicio de egocentrismo y vanidad es grande en este tipo de proyectos, así que se agradece que la cinta presente momentos donde el músico no se comporta de la mejor manera. Pese a que la caracterización del protagonista no es algo demasiado extraordinario, siendo a veces simplificada en exceso, es algo que permite darle sustancia y algunos matices, lo que lamentablemente no ocurre con los personajes secundarios. Se entiende que el foco debe estar sobre Elton John, pero algunos de los personajes que lo acompañan están limitados a solo uno o dos rasgos definitorios, lo que se nota sobre todo en el caso de sus padres, quienes llegan a ser hasta caricaturescos por lo despreciables que son.

La historia contada por Rocketman no se aleja de los ejemplos más convencionales de las películas biográficas, siendo su forma de contarla la que se convierte en uno de los aspectos más meritorios de la obra, aunque incluso esa dimensión no funciona con la misma eficacia en todas las ocasiones. No estamos, por lo tanto, ante biopics que son más innovadoras como Mr. Turner (2014) o Steve Jobs (2015), que se centran en situaciones más específicas dentro de las vidas de sus protagonistas, y mucho menos ante algo como I’m Not There (2007), el experimental trabajo que Todd Haynes hizo sobre Bob Dylan.

Su invención es más restringida, en ocasiones superficial, pero lo suficientemente interesante y cargada de emoción para hacerla valiosa. Varios de sus méritos se deben a la calidad misma de la música de Elton John, cuyas canciones son capaces de crear una poderosa reacción, pero ese es solo el punto de partida, ya que no basta con tener una buena base: hay que saber aprovecharla. El director Dexter Fletcher logra eso y crea una buena pieza de acompañamiento al repertorio de ese músico, la que presenta también algunas interesantes formas de ver sus canciones.

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  1. Pingback: Her Smell (2018) – sin sentido

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