Ella es Cristina (2019)

Ella_es_Cristina-posterGonzalo Maza ha desarrollado una exitosa carrera como guionista, sobre todo trabajando junto al director Sebastián Lelio, con quien colaboró en Navidad (2009), El año del tigre (2011), Gloria (2013) y Una mujer fantástica (2017), la última de las cuales fue premiada con el Óscar a la mejor película extranjera y con con el Oso de Plata al mejor guion en el Festival de Cine de Berlín. Sin embargo, el interés de este periodista lo llevó a probar una nueva faceta con Ella es Cristina, el primer largometraje donde asume la labor de director. Es muy pronto para saber si estamos ante un giro como el que lo llevó a dejar la crítica de cine por la escritura de guiones, prefiriendo ahora hacer los guiones para sus propios proyectos, pero su debut demuestra un buen primer paso en el área de la dirección.

Aunque puede existir una compenetración muy buena entre las visiones de dos colaboradores, de vez en cuando surgirán algunas ideas que pueden llamar la atención de uno de ellos, pero no producir el mismo efecto en el otro, siendo finalmente descartadas o relegadas. El relato que Maza decidió dirigir consiste en una de esas historias que no pudo realizar junto a Lelio, así que nos permite ver una muestra más directa de su voz como autor, pero manteniendo algunos rasgos que ya había demostrado en su trabajo con aquel director, como el interés por los personajes femeninos, algo que ya se notó en las dos últimas obras que hicieron juntos. El guionista ha señalado que las protagonistas mujeres poseen ciertos matices que las hacen más interesantes para él que los hombres, y podemos notar una señal de eso en cómo construye los personajes de esta película.

Cristina (Mariana Derderián) es una mujer treintañera que acaba de separarse y se encuentra en una etapa de incertidumbre dentro de su vida. Una fuerte sensación de inseguridad ha influido negativamente en sus decisiones, dudando por un lado de su capacidad artística como dibujante, impidiendo que supere a su exmarido Rubén (Néstor Cantillana), un ególatra caricaturista, y formando una tóxica relación con Rómulo (Roberto Farías), el profesor de un taller de guion al que asiste. La situación la lleva incluso a distanciarse de su mejor amiga, Susana (Paloma Salas), la única que se preocupa por su bienestar, quien además debe lidiar con sus propios problemas familiares y de pareja.

Al ser los dos pilares de la obra, Cristina y Susana son caracterizadas con mayor detención que los hombres con quienes deben interactuar, los que son restringidos solo a uno o dos rasgos de personalidad definitorios. Los personajes masculinos de Ella es Cristina destacan por una incapacidad para ver sus propios defectos, transformándose en unas pesadas cargas para las protagonistas. Maza, sin embargo, tampoco muestra a las dos amigas como personas infalibles, pero les entrega la capacidad para aprender de sus errores y evolucionar a lo largo del metraje. Es en sus imperfecciones donde descansa uno de los atractivos de la cinta, en la decisión de mostrar el lado más vulnerable de sus personajes principales.

Filmada en departamentos y casas que pertenecen al entorno cercano del director, la obra transmite una intimidad que juega a su favor. Salvo un par de diálogos que resultan medio forzados, las interacciones entre los personajes se desenvuelven de manera fluida, y las actuaciones cumplen con su objetivo. El mayor riesgo estaba en el personaje interpretado por la comediante Paloma Salas, quien no tenía mayor experiencia como actriz, pero Susana es un rol que apunta a rasgos con los que demuestra una mayor comodidad, como el sarcasmo y el autodesprecio.

El viaje de Cristina consiste en encontrar su lugar en el mundo, ordenar sus prioridades y descubrir su propio valor personal. De esta manera, podemos identificar algunas similitudes con lo que ocurría en Gloria, pese a la diferencia de edad que existe entre ambas protagonistas. Como en aquella cinta que Gonzalo Maza también escribió, el tono del relato mezcla elementos dramáticos y cómicos, aunque en esta nueva película se nota una atmósfera con mayor idiosincrasia. El debut de Maza como director no es un simple traspaso de lo que aparece en la página a la pantalla, sino que implica un ejercicio más complejo, en el que el lenguaje cinematográfico es utilizado para construir sensaciones más intangibles.

Lo notamos, por ejemplo, en la banda sonora de Cristóbal Carvajal, cuya música sobresale desde los créditos iniciales, o en el montaje de Andrea Chignoli, que recurre a algunas confrontaciones de planos para crear un efecto cómico o a elipsis para adelantar los estrepitosos efectos de una mala decisión tomada por Cristina. El principal elemento que le permite a la cinta dar forma a su personalidad es la fotografía de Benjamín Echazarreta, también un habitual colaborador de Sebastián Lelio, que a través de una relación de aspecto más angosta o “cuadrada” de lo normal, y una imagen en blanco y negro, le entrega un aire más clásico a la obra. Ese tipo de paleta de colores, cuando no obedece a la necesidad sino que a una decisión consciente, puede ser ocupada no solo para crear un look antiguo, sino también una realidad propia, un universo que existe dentro de si mismo.

Debido a su estética monocromática, desafíos que deben enfrentar las protagonistas y círculos sociales que frecuentan, no se puede negar la afinidad que existe entre Ella es Cristina y la cinta Frances Ha (2012) de Noah Baumbach. Ambas transcurren en entornos ligados en mayor o menor medida al mundo intelectual y artístico, con personajes que pertenecen a una clase socioeconómica donde interrogantes como “¿a qué se dedican para subsistir?” pueden ser ignoradas, y ponen de manifiesto el valor de la amistad femenina. Los barrios de Providencia y Ñuñoa no tienen la misma onda que los de Nueva York, y por lo mismo Maza no pretende darle a Santiago una sensación de refinamiento que no tiene, así que existe una notoria distancia que separa a la atmósfera de ambas obras, quedando la chilena como una especie de hermana menor de la estadounidense.

La obra define bien los aspectos de la historia que quiere desarrollar, acotando la trama a lo estrictamente necesario y sin dejar demasiados cabos sueltos, pero dotando a su protagonista de la suficiente complejidad para hacerla interesante. Si bien el relato puede ser algo más cauteloso que algunos de los guiones que Maza escribió para Lelio, la decisión se entiende por ser su primera película como director, y eso no impide que surja un especial interés por lo que vaya a hacer con sus futuros proyectos.

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