Gräns (2018)

Grans_posterLa primera novela del escritor sueco John Ajvide Lindqvist, Déjame entrar, obtuvo tal nivel de éxito que llegó a ser adaptada dos veces al cine, primero en 2008 por el también sueco Tomas Alfredson y luego en 2010 por el director estadounidense Matt Reeves. La historia, que gira en torno al mito de los vampiros, ubica esos elementos sobrenaturales dentro de una atmósfera más realista, integrando ambas dimensiones de una manera efectiva, sin que se produzca un contraste demasiado marcado entre ambas. Esa estrategia también es ocupada por el autor en su cuento Border, publicado en la colección Let the Old Dreams Die, que sirvió como base para la película Gräns (Border), en la cual Lindqvist también contribuyó a su guion.

El director de esta cinta, Ali Abbasi, ha indicado como una de sus influencias el trabajo de algunos escritores latinoamericanos ligados al movimiento del realismo mágico, lo que sirvió como inspiración al momento de crear ese delicado equilibrio entre fantasía y veracidad. Este aspecto complementa, no elimina, las raíces escandinavas de la obra, que siguen estando muy presentes en el relato. La mitología de esa región de Europa se convierte en la columna vertebral de la película, aunque su verdadera extensión no es revelada de inmediato por el guion, que se toma su tiempo para instalar los componentes de la historia y explicar su verdadera naturaleza. Debido a eso, la vertiente mítica de la obra adquiere una apariencia más aterrizada o verosímil.

La protagonista de Gräns es Tina (Eva Melander), una policía que trabaja en la aduana de un puerto, donde controla el ingreso de los pasajeros que llegan en los barcos. Lo primero que notamos de ella es su apariencia física, que escapa de lo que se puede considerar normal, debido a unas facciones toscas, casi primitivas. La mujer vive fuera de la ciudad, en una cabaña que está junto a un bosque, en compañía de su pareja Roland (Jörgen Thorsson), un hombre indiferente que está más preocupado de los perros que cría para competiciones. Tina es muy hábil en su trabajo en la aduana, debido a un extraordinario olfato que le permite detectar las infracciones de los pasajeros; esta habilidad no se basa tanto en detectar ciertas sustancias, sino que las emociones de las personas, como la culpa o la vergüenza, algo que le permite incluso atrapar a un pederasta que guardaba material ilícito en su teléfono.

Hay algo claramente diferente en la protagonista, que la distingue del resto de las personas, así que la sorpresa de encontrar a alguien similar a ella la pilla desprevenida. Un día, mientras está trabajando, ve a un misterioso hombre llamado Vore (Eero Milonoff), que comparte sus particulares rasgos faciales. A diferencia de Tina, que trata de no llamar la atención y prefiere pasar desapercibida, el hombre no solo es consciente de aquellas cuestiones que lo hacen sobresalir, sino que siente una especie de orgullo cuando eso ocurre. Durante toda su vida, la protagonista ha creído que su condición se debe a algo relacionado con sus cromosomas, pero Vore le demuestra que hay otra explicación, una que cambiará la forma en que ve su lugar dentro del mundo.

Gräns fue presentada, y ganó, en la sección Un certain regard del Festival de Cannes de 2018. Aquella categoría del prestigioso festival, cuyo nombre hace referencia a una determinada mirada o punto de vista, se desarrolla de manera paralela a la competición oficial, reuniendo obras de diferentes estilos y privilegiando la presencia de relatos poco convencionales. Esta cinta es un gran ejemplo del tipo de historias que ese certamen busca promover, ya que expone al espectador a elementos desconcertantes, que en ocasiones nos hacen cuestionar lo que estamos viendo. Hay películas que se convierten en experiencias difíciles de olvidar, en sucesos que dejan una huella imborrable en nuestros cerebros, ya sea para bien o para mal.

Un caso adverso de ese efecto sería, para mí, lo que ocurrió cuando vi Holy Motors (2012) de Leos Carax, una obra tan desequilibrante como embriagada por su propia presunción que se transformaba en un ejercicio fastidioso. Afortunadamente, eso no ocurre con este largometraje, al menos en términos generales, dado que es capaz de manejar las dosis de extravagancia y crear algo a ratos fascinante. El relato va entregando de manera gradual la información de lo que está ocurriendo, haciendo que nuestras ganas por saber lo que ocurre aumenten. Aun en aquellos momentos donde la obra presenta sus aspectos más retorcidos, subsiste la intriga por lo que puede venir después.

Abbasi ocupa un estilo sobrio para esta película, algo habitual en el cine escandinavo, situando los elementos fantásticos de la historia dentro de un contexto bastante sencillo. La fotografía a cargo de Nadim Carlsen es precisa en relación con lo que muestra, entregando un resultado de buena factura sin llamar la atención hacia ella misma. Me recordó un poco lo que ocurre con la cinta neerlandesa Borgman (2013), que mezcla realismo con mitología de una manera integrada. A medida que se va revelando la verdadera naturaleza de la pareja protagonista, sin embargo, la película no tiene miedo de mostrar sus cartas, así que aumenta los niveles de anormalidad hasta límites grotescos. Es lo que ocurre con una incómoda escena de sexo que transcurre en el bosque, capaz de estremecer a cualquier persona, o el insólito descubrimiento de lo que se esconde en una caja de cartón.

Con momentos como esos, ver esta obra no se convierte en una experiencia muy sencilla, mucho menos placentera. De vez en cuando nos encontramos con escenas perturbadoras, que desafían la resistencia del espectador. La estrategia podría haber sido insoportable, pero la cinta logra mantener su rumbo gracias al viaje personal de la protagonista, que se ve enfrentada al hallazgo de su verdadera identidad y al dilema de determinar cuál es el mundo al que pertenece. Este autodescubrimiento de Tina permite algunas de las secuencias más relajadas del relato, donde se muestra una honda conexión entre ella y la naturaleza. Es gracias a este núcleo de la película que incluso traspiés cuestionables como un dudoso giro que ocurre al final de la trama, y que involucra a uno de los personajes principales, se puede pasar por alto para centrarnos en lo importante.

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