Doubles vies (2018)

Doubles_vies-posterEn una escena de la película Doubles vies (Non-Fiction; Dobles vidas), del director francés Olivier Assayas, la actriz Juliette Binoche es mencionada en la conversación de un grupo de personajes, uno de los cuales es interpretado por la misma Binoche. Este cómico guiño de metaficción, que apela a la complicidad de los espectadores, hace recordar uno de los chistes de Ocean’s Twelve (2004) que involucra a Julia Roberts, donde también se trataba a la actriz y a su personaje como individuos separados. Con un espíritu lúdico como ese, tiene sentido el título que recibió la cinta en inglés, el que apunta a la relación que existe entre realidad y ficción, aunque su título original y traducción al español permiten un enfoque más exhaustivo o íntegro de lo que explora su historia.

Parte de esto se puede ver en los libros que escribe Léonard Spiegel (Vincent Macaigne), un autor de relativo éxito que basa sus obras en experiencias personales, que son modificadas un poco para que no sea simplemente una autobiografía, pero que aún así pueden ser relacionadas con situaciones que él mismo ha vivido. El escritor ha tenido una larga relación profesional con el editor Alain Danielson (Guillaume Canet), pero su nueva novela no logra convencerlo y decide no publicarla. Léonard trata de buscar el apoyo se su novia Valérie (Nora Hamzawi), que trabaja como asistente de un político, pero su reacción es más pragmática de lo que él esperaba, así que en vez de sentir lástima por lo sucedido le indica que probablemente el borrador entregado no fue demasiado bueno y necesita pulirlo.

La editorial en la que trabaja Alain está en un proceso de transición hacia los formatos digitales, siendo una de las encargadas de ese departamento una joven llamada Laure (Christa Théret). Si bien el editor mira con suspicacia el surgimiento de estas nuevas tecnologías, y por consiguiente el cargo que ocupa Laure, eso no le impide mantener una aventura con ella. Esta relación la mantiene en secreto de su esposa Selena (Juliette Binoche), una actriz que trabaja en una famosa serie de televisión, pero lo que él no sabe es que ella también mantiene un amorío paralelo, con nada menos que Léonard. De esta manera, las apariencias, mentiras y confidencias van creando una doble dimensión en las vidas de los personajes, la que a veces es descubierta entre ellos.

El guion, que también fue escrito por Assayas, está conformado por una serie de conversaciones entre los personajes, siendo esos diálogos los que se transforman en las piezas esenciales del relato, más que las acciones que ocurren dentro de las respectivas escenas. Estas interacciones tratan acerca del presente y futuro del mundo editorial, la utilización de experiencias propias como base para contar historias ficticias, la integridad dentro de la política, la capacidad de Twitter como herramienta artística, el rol actual de la crítica literaria, el funcionamiento de los motores de búsqueda, y la posverdad, entre otras cosas. La predominancia de los diálogos en esta obra, y la densidad de estos, condiciona el disfrute de la cinta al interés previo que uno pueda tener de sus temas.

Doubles vies transcurre dentro de círculos sociales privilegiados, con personajes que pertenecen a una burguesía ligada a las artes y que gozan de una situación económica acomodada, donde no parecen existir problemas de dinero. Al formar parte de esta esfera herméticamente sellada, las preocupaciones del mundo exterior no logran traspasar esas barreras, así que los personajes deben lidiar con situaciones bastante específicas y exclusivas, que pueden no generar una identificación demasiado fuerte con el común de la población. El planteamiento de Assayas contiene varios lugares comunes del prejuicio miope que puede existir sobre el cine francés, como la gente bonita, las casas grandes, el intelectualismo, las conversaciones largas, el vino, la comida y el sexo.

A pesar de eso, que puede incluso parecer una autoparodia de su parte, la obra es capaz de atraer nuestra atención gracias a una mezcla de situaciones livianas que giran en torno a infidelidades (cuyas posibles consecuencias no parecen ser muy desastrosas, debido al estilo de vida de esos franceses) y conversaciones sustanciosas. Hasta centrándonos en los aspectos más superficiales de la obra podemos encontrar algo interesante, como la impecable forma de vestir de los personajes o sus casas espaciosas y llenas de detalles. La cinta no posee una estructura narrativa demasiado rígida, prefiriendo deambular a través de las escenas y extender sus conversaciones a temas que no necesariamente hacen avanzar a la trama, privilegiando la flexibilidad y relajo por sobre un desarrollo más marcado.

Los diálogos, aunque abundantes, también dejan ciertos espacios para que los actores puedan caracterizar a los personajes con determinados rasgos de personalidad. Es en esos matices donde se encuentra la verdadera chispa de Doubles vies, ya que por interesantes que puedan ser los debates acerca de los hábitos de lectura de las personas y las ventajas de los libros electrónicos, sin un lado humano esas cuestiones resultarían demasiado monótonas para dar forma a un largometraje. Es a través del patetismo y egocentrismo de Léonard, por ejemplo, que la cinta adquiere un mayor atractivo; quizás no podemos sentirnos identificados con su oficio o con sus problemas específicos, pero cualquiera puede reconocer el tipo de persona que es, algo que acerca el relato al espectador, haciéndolo más palpable.

Debido al talento de los actores que trabajan en la cinta, los diálogos ganan una mayor riqueza y de vez en cuando pasan a transmitir algo distinto a lo que aparece a simple vista. Es lo que ocurre en una escena donde Alain y Selena conversan sobre el nuevo libro de Léonard, sugiriendo los cuestionamientos que el editor tiene acerca de uno de los personajes femeninos de la novela un sutil reconocimiento de que sospecha acerca de la relación entre su esposa y el escritor. Algo similar ocurre en una secuencia que ocurre durante los minutos finales del metraje, que transmite tanto tensión como un leve sentido del absurdo por aquellos secretos que se mantienen en silencio entre los personajes.

Ese interés de Doubles vies por el factor humano del relato queda reforzado en la última escena de la cinta, que prescinde del intelectualismo presente en los segmentos previos y opta por una perspectiva más sencilla y emotiva.

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