The Beach Bum (2019)

The_Beach_Bum-posterCon un interés por los individuos marginados y desadaptados, las obras del director Harmony Korine han transitado también por las fronteras del cine estadounidense. Aunque su nombre es conocido dentro de un concreto círculo de espectadores, no ha alcanzado el grado de familiaridad suficiente para cruzar hacia al mainstream. Sus últimos trabajos, sin embargo, parecen ir encaminados hacia esa dirección, ya que cuentan con un elenco de estrellas conocidas que seguramente atrajeron a más de alguna persona a las particulares películas del director. Spring Breakers (2012), por ejemplo, contó con la participación de James Franco, cuya carrera fluctúa entre el cine comercial y el independiente, y con estrellas de Disney como Vanessa Hudgens y Selena Gomez. Con su nueva cinta, The Beach Bum, Korine no solo cuenta con nombres igual o más conocidos, sino que entrega uno de sus trabajos más accesibles a la fecha.

Como en Spring Breakers, la historia vuelve a estar ambientada en el estado de Florida, pero mientras en aquella película ese lugar aparecía como el destino de las protagonistas, que se embarcaban en un viaje desde su pueblo hacia este mítico rincón, en The Beach Bum el personaje principal forma casi parte del paisaje, siendo modelado por su entorno. El tono entre ambas obras es también distinto, ya que en la primera cinta las jóvenes descubren que bajo la fachada de las fiestas y el relajo se esconde un mundo violento, en este nuevo trabajo Korine opta por una atmósfera más distendida, tanto así que las complicaciones que puede enfrentar el protagonista no lo afectan demasiado ni detienen su especial estilo de vida.

El personaje es Moondog (Matthew McConaughey), un poeta que encarna la idea del hedonismo en su máxima expresión, a través de una mezcla de alcohol, drogas y sexo. Sus poemas le han dado una relativa fama dentro de los lugares que frecuenta, convirtiéndose en uno de esos individuos estrafalarios que nunca faltan en las ciudades, pero hace tiempo que no escribe un libro como los que le valieron sus antiguos reconocimientos artísticos. Aunque vive en el sector de los Cayos de la Florida, en la costa sur de ese estado, debe volver a Miami, donde está su millonaria esposa Minnie (Isla Fisher), para asistir a la boda de su hija Heather (Stefania LaVie Owen). Al estar ahí, Moondog sufre una gran tragedia y se ve enfrentado al desafío de volver a escribir.

A pesar de estar envuelto en una situación compleja, que involucra la muerte de un ser querido, la congelación de sus ingresos monetarios, y el panorama de la rehabilitación, ninguno de esos factores llega a cambiar demasiado al personaje, quien continua con su actitud despreocupada y con un espíritu libre. En una escena de la película, que sirve como reflejo de la manera en que el protagonista se desenvuelve, Moondog señala que es un paranoico inverso, ya que sospecha que el mundo está conspirando para hacerlo feliz. No importa lo que ocurra, el aire de este poeta se mantiene optimista, abierto a todo lo que aparezca en su camino, y por lo mismo el relato no presenta un gran arco ni una evolución de su personaje principal.

La ausencia de conflictos importantes, de peso, que pongan al protagonista en apuros, lo diferencia de un personaje como el Dude de The Big Lebowski (1998), con quien parecía compartir en principio algunos rasgos de personalidad. Ambos presentan actitudes relajadas, e incluso funcionan como versiones exageradas de la imagen que sus respectivos actores han proyectado a lo largo de los años, pero mientras el personaje de Jeff Bridges estuvo involucrado en una serie de malentendidos y problemas que interrumpían la tranquilidad de su vida, en el caso de Moondog esos inconvenientes son despachados con facilidad y no llegan a sacudir su status quo de forma considerable.

Su facilidad para enfrentar los problemas se extiende también a su labor artística. Moondog cuenta con un talento innato como poeta, que según los demás personajes se acerca al nivel de un genio. El exceso de drogas y alcohol no es un obstáculo para su capacidad creadora, la que se ve incluso potenciada por esas sustancias. Si bien a veces incurre en comportamientos cuestionables, la permisividad de quienes lo rodean le permite vivir sin complicaciones, algo que también se nota en el enfoque del propio director, que termina creando una obra indulgente. El desapego que demuestra el protagonista por las cosas materiales, teniendo como punto cúlmine algo que ocurre durante los últimos minutos del metraje, es presentado como una virtud por The Beach Bum, cuyo guion elude de manera conveniente la paradoja de que esa actitud provenga de alguien con tanto dinero a su disposición.

Korine busca reflejar la personalidad de Moondog en el tipo de historia narrada y en la forma en que esta es presentada. El humo de la marihuana parece intervenir en cada una de las escenas, y no hay momento en que el protagonista esté completamente sobrio. Sin embargo, en términos de estilo la obra no se acerca tanto al estado psicotrópico del poeta, algo que llama la atención considerando que los anteriores trabajos del director buscaban arriesgarse más en ese sentido. Es cierto que las situaciones mostradas son extrañas, pero elementos como el ritmo de la cinta, el montaje, o la fotografía, tienen un tratamiento que se acerca a lo convencional. No vemos, por ejemplo, un montaje como el de Spring Breakers, que vinculaba los planos basado más en sensaciones o en ideas que en la continuidad del tiempo y el espacio. En esta nueva cinta hay pocos momentos que ocupen ese tipo de técnica, siendo uno de los más memorables el que protagonizan Moondog y Minnie en una secuencia donde suena la canción “Is That All There Is?” de Peggy Lee.

La atmósfera de The Beach Bum no llega a ser tan interesante como la que Paul Thomas Anderson logró en Inherent Vice (2014), un relato que estaba marcado por un ritmo aletargado o groggy, como su propio protagonista. La eficacia de un recurso como ese permitía que las situaciones insólitas que atravesaban la cinta se sintieran como algo natural de ese entorno, que surgieron de forma orgánica. En la obra de Korine hay algo que impide alcanzar ese resultado, y por consiguiente sus intentos por introducir elementos extravagantes parecen algo calculados, sin esa espontaneidad que quiere transmitir. Una muestra de eso lo vemos en el personaje de Jonah Hill, que interpreta al agente literario de Moondog, y que habla con un exagerado acento del sur de Estados Unidos, recurriendo a una sobreactuación de alguien que ve su propia participación en el proyecto como parte del chiste.

Afortunadamente, eso no se repite con el actor que debe sostener la obra sobre sus hombros, Matthew McConaughey, quien en vez de guiñar a la cámara opta por un fuerte compromiso por el personaje y por la historia narrada. La combinación del tono de voz y los movimientos corporales de del actor, más factores como el diseño de vestuario y el maquillaje, dan forma a alguien capaz de impulsar el relato y hasta de servir como contrapeso para los aspectos más débiles del mismo. Aunque su forma de ver la vida es simplista, hay algo en su carácter errático que lo hacen llamativo, como el hecho de que barreras como el género no tengan mayor importancia para él, usando vestidos o tangas con la comodidad de cualquier otro tipo de prenda.

Moondog es el resultado del entorno al que pertenece, un ambiente sociocultural tan grotesco y decadente como libre e idealista. Algunos de los momentos más efectivos de la película los encontramos en la descripción de los círculos donde se desenvuelve el protagonista, lo que nos permite conocer a personajes como Lingerie (Snoop Dogg), un músico que es amigo del poeta y amante de su esposa; Flicker (Zac Efron), el hijo de un predicador que tiene una visión muy particular del perdón de los pecados; y Captain Wack (Martin Lawrence), un hombre que se dedica a hacer recorridos turísticos con su bote y que debe ser el peor experto en delfines del mundo. La obra adquiere una mayor chispa cuando McConaughey interactúa con estos actores, especialmente con Lawrence, que vuelve a aparecer en una película después de ocho años.

Tras el estreno de Spring Breakers, Harmony Korine estuvo trabajando en un proyecto titulado The Trap, que transcurría en el mundo del crimen y contaba una violenta historia de traición y venganza. Pero cuando la producción fue suspendida debido a conflictos de agenda entre sus actores, decidió hacer una nueva película, alejada totalmente del entorno oscuro al que apuntaba ese relato. The Beach Bum no presenta una imagen crítica de Estados Unidos, no muestra una sátira de su sociedad ni una denuncia de los problemas que existen en ella; el fin que busca es más sencillo, hasta básico, y consiste en enfrentar los momentos duros con una visión más relajada del mundo. Incluso su banda sonora original, compuesta por John Debney, manifiesta esa ingenuidad que ocupa como bandera de lucha.

Lo que uno encuentra en esta cinta es algo similar a lo que puede encontrar en esas ferias artesanales que se instalan al lado de las playas en el verano. Baratijas rudimentarias, algo llamativas, pero sin mayor trascendencia.

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