Yesterday (2019)

Yesterday-posterExisten películas como Groundhog Day (1993), de Harold Ramis, que alborotan el entorno aparentemente normal en el que transcurren con la introducción de un elemento fantástico, en torno al cual se desarrolla el relato. A ese tipo de obras no les interesa explicar el origen de ese cambio, ni profundizar las implicancias lógicas del mismo, sino que mostrar cómo sus protagonistas deben lidiar con esa particular situación; es ahí donde se encuentra el gran atractivo de esas cintas. El guionista británico Richard Curtis, responsable de algunas de las comedias románticas más ilustres de las últimas tres décadas en aquel país, ya se había adentrado en este tipo de historias con About Time (2013), acerca de los viajes en el tiempo, y ahora lo vuelve a hacer con Yesterday, que tuerce la realidad de una manera bastante curiosa.

De cierta forma, el cambio que ocurre en esta cinta también está relacionado con el tiempo, ya que sucede algo en el pasado que tiene efectos en el presente del protagonista. Un aspirante a músico llamado Jack Malik (Himesh Patel), cuya carrera está relegada a presentaciones donde la mayor parte del público está compuesto por sus propios amigos, es atropellado una noche en que se produce un breve apagón eléctrico en todo el mundo, el que además de dejarlo sin un par de dientes lo transporta a una versión de la realidad en la que jamás existió la banda The Beatles. Lo que en un principio es considerado por él como una broma pesada de sus amigos luego se convierte en consternación, pero el músico no tarda en descubrir la oportunidad que tiene frente a él, ya que en un mundo donde solo él conoce esos temas, podrá presentarlos como sus propias composiciones.

La situación llega justo en el momento en que Jack se planteaba la opción de abandonar la música. Solo su amiga y representante Ellie (Lily James), que trabaja como profesora de matemáticas, era capaz de levantar su ánimo durante los episodios más difíciles, diciéndole que todo podía mejorar gracias a un milagro. Y cuando ese milagro ocurre, el protagonista pasa a adquirir una gran popularidad, experimentando un meteórico ascenso a la fama, en el que “sus” canciones llegan incluso a cautivar a una celebridad de la talla de Ed Sheeran. El posicionamiento de Jack como uno de los compositores más talentosos de la música popular lo lleva a trasladarse desde la pequeña ciudad costera de Lowestoft a Los Ángeles, donde su nueva representante Debra Hammer (Kate McKinnon) ha planeado meticulosamente su futura y exitosa trayectoria. Sin embargo, a pesar del dinero y los reconocimientos, sigue añorando el cariño de su antiguo entorno, sobre todo a Ellie.

Curtis supo reconocer de inmediato la fuerza de la premisa de Yesterday cuando el guionista Jack Barth se la planteó, y por lo mismo las mejores escenas de esta película ocurren cuando el protagonista comienza a poner en movimiento su plan. El proceso de recordar las letras y melodías de las canciones de The Beatles, algo que Jack debe hacer por su propia cuenta ya que no hay rastro de ellas en internet, es presentado a través de secuencias entretenidas, que hacen avanzar de forma dinámica el relato. Estos instantes recuerdan a la chispa que captura Groundhog Day durante las escenas en que Bill Murray pone a prueba las capacidades del bucle temporal en el que está atrapado, donde la cinta aprovecha al máximo la repetición de las mismas situaciones.

Acá, en cambio, el acierto está en crear un ambiente donde los temas de una de las bandas más importantes del siglo XX son algo desconocido para el resto de los personajes. Esto crea momentos tan disimiles como la fascinación y emotividad que logra Jack al interpretar “Yesterday” ante sus amigos, un efecto que se extiende al propio espectador gracias al talento musical de Patel, o el desinterés que demuestran sus padres ante los acordes de “Let It Be”. Las reacciones que vemos a lo largo del metraje, por lo tanto, van desde la magia que esas obras lograrían transmitir, trascendiendo las barreras temporales y materiales que las separan de su contexto original, hasta los inevitables obstáculos de transportar ciertos elementos a la sociedad actual.

La dirección estuvo a cargo de Danny Boyle, quien pese a la versatilidad que ha demostrado a lo largo de su carrera, con obras tan variadas como Trainspotting (1996), 28 Days Later (2002), Sunshine (2007) o Slumdog Millionaire (2008), no es el primer cineasta en el que uno pensaría para adaptar un guion de Curtis. Las dudas acerca de un posible choque de estilos se disipan gracias a una obra animada y colorida, que refleja bien el tono cultivado por el guionista. La labor de Boyle se complementa bien con el tipo de atmósfera al que aspira la cinta, aunque de vez en cuando hay algunas muestras de su tendencia hiperactiva, con unos innecesarios planos holandeses que en vez de potenciar una escena solo sirven como molestas distracciones.

Otro elemento que lamentablemente se siente como una distracción es el romance entre Jack y Ellie. A pesar de que en teoría debiese ser uno de los pilares del relato, los momentos en que la obra desarrolla el vínculo entre ambos no se compenetran muy bien con el viaje musical del protagonista. La experiencia de Jack como divulgador del legado de The Beatles, y su repentino ascenso a la fama, son el gancho indiscutido de Yesterday, mientras que la historia de amor entre los personajes queda relegada a un segundo plano, lo que se traduce incluso en que se forma una separación física entre ellos, quedando Ellie atrás, en Europa, mientras el foco se encuentra en lo que hace el protagonista en Estados Unidos.

Es la actuación de Lily James la que le entrega unos necesarios matices a Ellie, supliendo ciertos puntos bajos de la caracterización que intenta hacer el guion. Además del encanto que irradia la actriz, su capacidad para transmitir aquellos sentimientos que el personaje quiere, pero no se atreve a revelar, les dan un necesario peso emocional a algunas de sus escenas. En un momento que transcurre en una estación de trenes, James demuestra un gran equilibrio entre sus dotes cómicas y dramáticas, pasando de una a la otra de manera muy fluida.

Además del vacío que siente por una fama que lo aleja de sus raíces, el protagonista está expuesto al remordimiento de recibir elogios por canciones que él solo repitió. El caso de Jack parece ser una manifestación desorbitada del síndrome del impostor, el que en esta ocasión no surge de una exagerada subestimación de sus méritos, sino que de un verdadero incidente de simulación. Aunque la obra tiene el potencial para explorar varios aspectos ligados a la noción de autoría, estos son obviados o simplificados de manera excesiva para no complicar el relato. Esto también ocurre con otros eventuales temas que la cinta evita de manera conveniente, sacrificando la posibilidad de un relato rico en ideas para privilegiar uno más sencillo.

Si bien The Beatles se convirtió en un hito importante en la cultura popular del siglo pasado, los efectos de su desaparición son tratados de una manera muy restringida por Yesterday, que solo muestra unos cambios muy precisos en el mundo donde transcurre la obra. Se deja de lado así la forma en que la cultura se alimenta de los trabajos del pasado y la manera en que las influencias se ramifican hasta rincones impensados hasta construir un complejo sistema de conexiones entre diferentes artistas y géneros. La cinta tampoco se detiene en los factores que dieron origen a este grupo musical, que fue creado en un contexto único, en un tiempo y lugar irrepetibles, que claramente no existen en la actualidad. Hay un atisbo de eso en los primeros intentos de Jack por conquistar al público con la música de The Beatles, cuando la reacción del resto de las personas se asemeja a la indiferencia, pero termina siendo solo un chiste momentáneo que no es profundizado por el guion.

No era necesario que Curtis se comprometiera a un intrincado ejercicio de especulación histórica, en el que evaluara cada una de las variables que operarían en caso de que ese grupo musical no hubiese existido nunca. Tal como señalé en el primer párrafo de esta reseña, ese tipo de aspectos dejan de tener tanta importancia cuando la forma en que es contado el relato resulta llamativa, pero el guion de Curtis parece querer evitar a cualquier costo las complicaciones que puedan surgir en la trama. Por ejemplo, la presencia de Ed Sheeran como una especie de antagonista para Jack, debido a la envidia que siente por sus habilidades de composición, o la develación del secreto del protagonista por dos personajes que saben la verdad; ambas situaciones son insinuadas levemente por la película, pero terminan resueltas sin mayores inconvenientes.

A medida que la obra avanza, va dejando de lado diferentes caminos que se presentaban como alternativas intrigantes, optando por un planteamiento más seguro, sin tantos embrollos. Pese a que la ruta escogida puede no ser tan interesante, la manera diligente con que Yesterday la atraviesa igual tiene sus méritos. Un recorrido sin sobresaltos se puede disfrutar sobre todo cuando viene acompañado de buena música, lo que en este caso resulta evidente.

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