Missing Link (2019)

Missing_Link-posterEl espíritu aventurero que atraviesa a la película Missing Link (Sr. Link) también es compartido por Laika, el estudio de animación que la produjo. Las obras de la compañía son creadas a través de la técnica del stop motion, cuyo aspecto tradicional resulta coherente con la era en la que transcurre este relato, la época victoriana, pero estos trabajos no se quedan solo con una noción nostálgica del pasado, sino que están abiertos a incorporar nuevos elementos. Es ahí donde se puede apreciar el interés innovador de sus artistas, que han decidido utilizar tecnología de punta para complementar ese fascinante proceso, como las impresoras 3D o las herramientas digitales en la construcción de personajes y en los retoques visuales, respectivamente.

De manera similar, Lionel Frost (Hugh Jackman), protagonista de la cinta, tampoco tiene miedo de transitar por territorios desconocidos y buscar nuevas aventuras. El personaje es un inquieto trotamundos que ansía unirse a un prestigioso club de exploradores en Londres, pero su predilección por la criptozoología provoca el desprecio de sus miembros, sobre todo del presidente Lord Piggot-Dunceby (Stephen Fry), que ve sus investigaciones como una ofensa para la tradición del club. Sus travesías tampoco son tomadas en serio porque Lionel no ha obtenido ninguna evidencia concreta de sus descubrimientos, algo que planea revertir con un viaje al noroeste de Estados Unidos, luego de recibir una carta que asegura conocer la existencia del mítico Pie Grande o Sasquatch.

Al llegar no tarda en encontrar a la criatura (Zach Galifianakis), ya que fue ella quien le escribió la carta. A pesar de su apariencia, que lo posiciona como una especie de eslabón perdido entre los primates y los humanos, Pie Grande demuestra una desarrollada inteligencia que cultivó de manera autodidacta. Eso le permitió contactar al protagonista, de quien leyó en los periódicos, y confía en él para ayudarlo a cumplir su sueño. Como es el último espécimen de Sasquatch que vive en Estados Unidos, quiere viajar al Himalaya donde se rumorea vive una criatura con la que podría estar emparentado, el Yeti, para poder superar su soledad. Lionel acepta la misión y se embarca en un viaje a lo largo del mundo con Pie Grande, al que bautiza como Sr. Link para pasar desapercibido. Durante esta aventura contarán con la ayuda de Adelina Fortnight (Zoe Saldana), la viuda de uno de sus compañeros, quien tiene un mapa que los guiará hasta su destino, y serán perseguidos por un sicario llamado Willard Stenk (Timothy Olyphant), contratado por Piggot-Dunceby para evitar que el protagonista triunfe y se una al club.

Mientras los anteriores trabajos del estudio Laika se caracterizaron por un aspecto más oscuro, que coincidía con algunos de los temas que trataban sus historias, el relato narrado en Missing Link opta por un tono liviano, que también es representado a través de sus elementos visuales. La paleta de colores es variada, logrando un resultado que es además distinto al que podría intentar una película de animación digital, ya que la luz actúa de forma distinta cuando rebota sobre objetos reales. El carácter tangible de sus diferentes texturas y materiales permite un efecto más “imperfecto”, que se aleja de la pulcritud que a veces generan las imágenes creadas por computador, y le dan ese look tan distintivo que hace del stop motion algo único.

Otra diferencia entre esta cinta y los demás trabajos de la compañía es que se trata de su primer largometraje que es protagonizado por un adulto, ya que en las cintas previas eran los niños el centro de atención. Eso, sin embargo, no le impide tratar temas que sean entendidos por los espectadores más jóvenes, dado que el viaje de los personajes trata de defender su identidad y buscar su lugar en el mundo, algunos de los mensajes usuales dentro del cine familiar. El desarrollo mismo de la película es más sencillo que el de otros títulos de Laika, y la profundidad de las ideas exploradas tampoco llega al nivel de sus mejores trabajos, como Coraline (2009), ParaNorman (2012) y Kubo and the Two Strings (2016), lo que demuestra que la edad de los protagonistas no necesariamente influye en el grado de “madurez” de la cinta.

Algo que siempre destaca dentro de los trabajos del estudio es la calidad técnica de su animación, que ya al tratarse de stop motion exige una cuota de destreza especial, pero que en el caso de Laika es llevado a límites sobresalientes. La dedicación que demuestran sus detalles de diseño, tanto en la construcción de los decorados como en el vestuario de los personajes, el gran número de elementos que se mueven en cada plano, hasta la elección de la ubicación de la cámara, todos esos factores se convierten en un deleite adicional al momento de ver la cinta. Y para obras como esta, donde el relato no llega a ser demasiado cautivador, esos méritos técnicos permiten suplir algunas de sus puntos bajos.

Uno podría pensar que un proceso tan riguroso como el de este tipo de animación, con tanta meticulosidad y paciencia, arriesga dejar de lado la humanidad de las historias y personajes, ya que es difícil ver cómo cuestiones como la improvisación o el azar pueden manifestarse en algo que exige un alto nivel de control. Pero si algo ha dejado en claro Laika con sus películas más emblemáticas es que no solo brilla gracias a su tecnología, sino que logra capturar también una chispa especial que le da vida a los relatos. Incluso en Missing Link se notan destellos de esa esencia, pese a que en general no asciende a una categoría superior a la de película agradable, similar a lo que ocurrió con The Boxtrolls (2014).

No es difícil identificar los objetivos de la obra, que presenta aspectos de una road movie, gracias al viaje que emprenden los personajes y la lección de que el trayecto mismo fue más importante que su destino, así como rasgos de una buddy movie, debido a sus dos protagonistas que aprenderán a reconocer las semejanzas que los unen. El desarrollo del relato es lo que uno ya espera, sin entregar un resultado muy sobresaliente y contentándose con un nivel más cercano a lo estándar.  Ocupar fórmulas o lugares comunes no es algo negativo por si solo, ya que a partir de premisas conocidas se puede lograr algo de gran calidad, como lo que ocurre en la cinta animada Up (2009), producida por Pixar y dirigida por Pete Docter y Bob Peterson, que también muestra la amistad entre sus dos protagonistas a través de un viaje a lugares exóticos.

Incluso algunas ideas interesantes que plantea, como el deseo de pertenencia y las expectativas incumplidas, no son suficientes para transformar a Missing Link en algo más sorprendente. Sin ser mala, el director Chris Butler no logra acercarla al terreno de su anterior largometraje, ParaNorman, que alcanzaba esos altos grados de creatividad y emotividad que a esta obra le faltan.

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