Joker (2019)

Joker-posterDentro del actual panorama del cine comercial estadounidense, Joker (Guasón) es una película que no debería existir. Y no digo esto desde un punto de vista valorativo, ya sea cuestionando su calidad o su contenido, sino que, en términos estrictamente logísticos, es decir, tomando en cuenta los factores que hicieron posible su creación. Considerando las tendencias de la industria hollywoodense contemporánea, la cinta dirigida por Todd Phillips aparece como una anomalía, como una obra que se desmarca de lo que se espera de este tipo de títulos, sobre todo de aquellos ligados al mundo de los superhéroes.

La principal pauta que intentan seguir algunos estudios fue popularizada por Marvel y su Universo Cinematográfico, que plantea una fuerte conexión entre las diferentes películas de sus personajes, para crear una historia más grande entre todas ellas. Dicho proceso alcanzó su punto de culminación con Avengers: Endgame (2019), que concluyó una extensa etapa luego de once años y 22 cintas. Aunque la estrategia también ha sido intentada por el principal competidor de esa editorial, DC Comics, a través del estudio Warner Bros., el resultado no ha sido tan regular como esperaban, así que los esfuerzos por construir un macrorrelato entre ellas están perdiendo prioridad. Por eso, la propuesta de esta película apunta a una historia más independiente, que no esté preocupada de lo que ocurre con las demás obras del estudio, sino que con entregar algo que funcione por sí mismo.

Incluso una película como Logan (2017) de James Mangold, con su atmósfera lúgubre y momentos violentos, mantuvo ciertos vínculos con el universo de los X-Men, a través de los personajes y la cronología de los hechos, así que el caso de Joker es aun más llamativo. Si bien esta obra transcurre en la ciudad de Gotham, y aparecen algunos personajes bastante emblemáticos de ese entorno ficticio, no existe mayor conexión con lo que apareció en las cintas del Universo Extendido de DC ni se nota un ánimo por crear vínculos con ese mundo. Ni si quiera los cómics parecen ser una base clara para el desarrollo del relato, que prefiere contar esta historia del enemigo de Batman a su propia manera.

Desde su aparición en 1940, el Joker ha estado fuertemente ligado a ese superhéroe enmascarado, sirviendo como un retorcido contrapunto al rol de Batman, a través de una conexión que es desarrollada tanto en las viñetas como en la pantalla. En esta cinta, sin embargo, el énfasis está solo sobre el villano, prescindiendo de la figura de un héroe y optando en cambio por una obra que se asemeja más a un estudio de personaje (character study). Mientras la versión que interpretó Heath Ledger en la película The Dark Knight (2008) de Christopher Nolan estaba rodeada de un aura de misterio, sin que se aclarara su verdadero pasado ni motivaciones, en esta nueva encarnación vemos lo que ocurre antes de que el personaje adopte su famosa apariencia.

Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) es un hombre solitario que vive en la ciudad de Gotham a comienzos de los años 80, en un desaliñado departamento junto a su madre Penny (Frances Conroy). Para poder costear sus gastos y cuidar de su madre, que está postrada en cama, el protagonista trabaja como payaso realizando diversas actividades. Su vida no es sencilla, ya que a lo inestable de su trabajo se suman los problemas neurológicos que tiene, los que le impiden relacionarse de manera normal con el resto de las personas y le provocan unos involuntarios ataques de risa. Arthur sueña con lograr algo más, y ese algo es convertirse en comediante de stand-up, inspirado por la labor de su ídolo Murray Franklin (Robert De Niro), un exitoso presentador de televisión, pero las cosas no son tan sencillas, debido a los factores internos y externos que obstaculizan su camino.

Los recortes presupuestarios de la ciudad, que le impiden acceder a sus medicamentos y a sus terapias, así como la falta de comprensión de algunas personas, lo lanzan a una espiral descendiente que desencadena unos resultados violentos. Un crimen que comete en el metro llama rápidamente la atención de los medios de comunicación, que solo han podido identificar al perpetrador como alguien disfrazado de payaso, lo que es aprovechado por el descontento de los ciudadanos más desposeídos de Gotham para iniciar unas protestas y rebelarse contra aquellos que los desprecian. Entre los destinatarios de ese disgusto se encuentran las familias más privilegiadas de la ciudad, siendo los Wayne un ejemplo de la desigualdad socioeconómica que separa a ambos sectores.

Además de una película que no debería existir, Joker es una cinta cuyo estreno no se entiende sin la existencia de otras obras. El guion de Phillips y Scott Silver le debe bastante al cine estadounidense de los años 70, aquel que se arriesgó a contar historias de temas y personajes complejos, con una fuerte voz autoral. Se puede notar la influencia de títulos como Straw Dogs (1971) de Sam Peckinpah, One Flew Over the Cuckoo’s Nest (1975) de Milos Forman o Network (1976) de Sidney Lumet, con las que comparte un espíritu medio turbio y violento, al igual que un interés por los aspectos más psicológicos de sus relatos, pero la mayor conexión la establece con los trabajos de Martin Scorsese, sobre todo Taxi Driver (1976) y The King of Comedy (1983). El vínculo con esas dos obras no apunta simplemente a una cuestión de atmósfera o estado de ánimo, sino que a factores más concretos, que demuestran una inspiración directa entre estos títulos.

No se puede negar que la Gotham que aparece en Joker es la misma Nueva York que Scorsese retrató en sus películas, donde cada rincón esconde una montaña de vicios y suciedad. La soledad de sus protagonistas también es un elemento preponderante en estas películas, al igual que sus personalidades limítrofes, que muchas veces les impiden comportarse como el resto de las personas. Incluso hay porciones de la trama que fueron extraídos de aquellas cintas, como el deseo de Arthur de triunfar en el mundo de la comedia y su admiración por una figura televisiva, que es también la base de The King of Comedy, y que en esta ocasión es homenajeada con la presencia de Robert De Niro en el rol opuesto al que ocupó en dicho proyecto. Todo esto explica por qué los realizadores quisieron que el propio Scorsese apareciera como productor ejecutivo de la película, o que se rumoreara la participación de Leonardo DiCaprio (colaborador habitual del cineasta) como protagonista.

El rol no recayó en DiCaprio, sino que en Joaquin Phoenix, algo que refuerza la idea de que esta obra se desmarca del resto de las cintas de superhéroes. Debido a su particular personalidad y a la manera tan selectiva con la que escoge sus proyectos, era difícil imaginar a Phoenix en una película ligada al mundo de los cómics, pero en el caso de Joker estamos ante un relato que podría funcionar incluso prescindiendo de los guiños al material de origen. Como lo importante en esta historia es el personaje principal y su transformación, se trata de una gran oportunidad para que un intérprete talentoso como él se luzca, gracias a una historia que no recurre a la pirotecnia solo porque si, prefiriendo los momentos más íntimos.

Con una interpretación que hace recordar su trabajo en The Master (2012) de Paul Thomas Anderson, el actor ocupa todas las herramientas que están a su alcance para personificar a alguien que vive en los márgenes de la sociedad, incapaz de funcionar como el resto de la población. Parte importante de su actuación depende de la labor física, no solo por lo delgado que se ve Phoenix después de perder varios kilos para el papel, sino también por la manera en que se desenvuelve en cada una de sus escenas. La risa, uno de los rasgos característicos del personaje en todas sus encarnaciones, adquiere acá unos fascinantes matices que pasan por impulsos incontrolables (acompañados de unas muestras de sufrimiento), intentos por pertenecer (como la escena donde está de público en un club de comedia) o manifestaciones de un tétrico deleite.

Mientras en una película como The Master el enorme trabajo de Phoenix se complementa con la destreza de un director como Anderson, en Joker su talento sobrepasa notoriamente al desempeño de Phillips, quien pese a no hacer un mal trabajo de vez en cuando demuestra no estar a la altura de lo que se requiere. El resultado es más claro debido a las referencias que la obra hace a la filmografía de Scorsese, otro cineasta que está en un nivel muy diferente al director de esta obra. El recordar de forma constante a otros trabajos de mejor calidad resulta contraproducente para Phillips, que puede llegar a emular ciertos aspectos estéticos de las cintas de esa época (incluido el logo de Warner Bros. que ocupa al comienzo), pero tienden a quedar como gestos algo superficiales.

La película peca de simplista en algunos pasajes, sin profundizar algunas ideas que podrían haber tenido un mejor desarrollo, o cayendo derechamente en clichés. Uno de los aspectos presentados por la cinta es la reacción contestataria que el protagonista provoca en parte de la población de Gotham -una tendencia que parece extenderse en las películas ligadas a Batman, como ocurría con la influencia que algunos villanos tuvieron sobre los ciudadanos de esa ciudad, como Bane en The Dark Knight Rises (2012) o Lex Luthor en Batman v Superman: Dawn of Justice (2016). A pesar de ser un elemento destacado en la trama, no se entregan demasiadas señas acerca de qué originó ese odio, salvo algunas menciones sueltas a una huelga de recolectores de basura o a un indeterminado peligro que se extiende en las calles, y tampoco se logra crear una conexión satisfactoria entre el comportamiento de las turbas y el propio protagonista. No hay, por ejemplo, una escena tan efectiva como la de los ferries en The Dark Knight.

Lamentablemente, estas simplificaciones también se extienden a veces a la propia caracterización del personaje principal. Algunos de los diálogos en la cinta emplean frases armadas que no convencen demasiado, y que incluso hacen recordar ciertos memes ligados al Joker. Los errores surgen de un innecesario esfuerzo por remarcar ideas que ya estaban claras, siendo un ejemplo claro aquel instante don el protagonista raya un letrero que dice “No olvides sonreír” (“don’t forget to smile”) para que quede como “No sonreír” (“don’t smile”). Para ser una obra arriesgada, que intenta una nueva forma de aproximarse a este tipo de historias, aun persiste una inseguridad que la lleva a ocupar esos recursos.

Si no fuese por Phoenix, lo más probable es que la película habría sido muy diferente. Su actuación se convierte en el gran pilar de la cinta, entregando sutilezas ahí donde el guion aplicaba pinceladas más toscas, y elevando la obra a una categoría superior. Es él quien permite que Joker destaque no solo como un poco habitual espécimen del cine de superhéroes, sino también como un relato que funciona por méritos propios, como una cinta a secas.

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