El Camino: A Breaking Bad Movie (2019)

El_Camino_A_Breaking_Bad_Movie-posterDécadas atrás, cuando las series de televisión y las películas vivían en mundos separados, la decisión de traspasar algunos trabajos de la pantalla chica a la grande estaba acompañada de un esfuerzo por expandir el tamaño de sus historias, para que se convirtieran en hitos memorables. Los largometrajes de South Park, The Simpsons y The X-Files, por ejemplo, siguieron esa tendencia, ya que mostraban cosas que no podríamos haber visto en alguno de sus episodios regulares. Hoy día, sin embargo, esa separación entre cine y televisión es difícil de distinguir, ya que la calidad de las obras, sus presupuestos, resultados económicos y métodos de distribución impiden ver a las ficciones televisivas como las hermanas menores de las cinematográficas.

Un reflejo de este panorama actual lo encontramos en El Camino, película inserta en el universo de la exitosa serie Breaking Bad, cuyo creador Vince Gilligan se encargó de escribir y dirigir. La difuminación de la línea divisoria entre televisión y cine se refuerza por el hecho de que fue estrenada a través de Netflix, la plataforma de streaming que se ha encargado de borrar esas fronteras en el último tiempo, siendo difícil hablar de si estamos ante un telefilme o una película a secas (la cinta tuvo un estreno bastante limitado en cines estadounidenses). La escala de la historia narrada tampoco se aleja demasiado de lo que ya habíamos visto en las cinco temporadas de la serie, que fue transmitida originalmente por la cadena AMC entre 2008 y 2013, al no caer en situaciones desmedidas o descomunales de forma innecesaria.

Las pretensiones de este largometraje son bastante modestas, ya que en vez de revelar secretos sorprendentes acerca de la serie o alterarla desde sus propias bases, prefiere un enfoque que se centra en la continuidad de lo que ya conocemos. A diferencia de series como Game of Thrones o Lost, cuyos finales no convencieron a todos sus espectadores, el de Breaking Bad fue elogiado por no dejar demasiados cabos sueltos, concluyendo varios de los arcos de sus personajes. Por eso, cuando anunciaron el estreno de esta cinta, no había mucha claridad acerca de lo que veríamos en ella, ya que el desenlace de la serie cubrió gran parte de las cosas que necesitaban respuesta. La base de la película es uno de los pocos aspectos que quedaron abiertos del último capítulo, el que pese a no tener la ambigüedad de un final como el de The Sopranos, igual permitía explorar las posibilidades de lo que ocurría después de que aparecieron los créditos.

Tras masacrar a una banda de neonazis y recibir una grave herida en el proceso, el protagonista de la serie, Walter White (Bryan Cranston), muere y finaliza un viaje personal que lo llevó de ser un apacible profesor de química a convertirse en un despiadado narcotraficante. Su acción posibilita la liberación de Jesse Pinkman (Aaron Paul), un antiguo alumno y socio, que fue capturado por los neonazis, torturado y obligado a cocinar metanfetaminas para ellos. En los segundos finales de la serie vimos al joven escapar de ese infierno a bordo de un vehículo Chevrolet El Camino, gritando de alivio porque todo había acabado. Pero si bien ese desenlace entregaba una cierta cuota de optimismo, dejaba en la incertidumbre el destino de Jesse, que no quedaba del todo libre de los obstáculos ni del peligro.

El Camino continúa la historia del personaje inmediatamente después de esos instantes, cuando la policía llega al lugar de la masacre para investigar lo sucedido. A partir de entonces, Jesse es un fugitivo de las autoridades, está conduciendo un vehículo que ya está identificado, y no cuenta con los medios necesarios para escapar a un lugar seguro, así que los hechos narrados durante la película muestran sus esfuerzos por lograr un nuevo comienzo. Las escenas ambientadas tras su escape son intercaladas con recuerdos de su cautiverio y algunos momentos anteriores a esa época, con saltos temporales que nos dejan entrar en la agobiada mente del protagonista.

Un aspecto importante de Breaking Bad era el interés que demostraba por los procesos, por cómo se hacían las cosas, algo lógico si consideramos que sus personajes se dedicaban a la preparación de metanfetamina. Cuestiones como la obtención de ingredientes, la distribución del producto, y el lavado de dinero, eran mostradas de manera detallada en la serie, así que no es raro que en El Camino se les entregue una atención similar a los intentos de Jesse por escapar de sus problemas. Este tipo de elementos les dan un carácter más palpable a las situaciones narradas, ya que insertan a los personajes en un mundo donde importa la manera en que interactúan con las cosas que los rodean. De esa manera, una secuencia en la que el protagonista registra de forma minuciosa un departamento es capaz de generar el suficiente interés en el espectador, y permite también la presencia de aquellas ostentaciones estilísticas que caracterizaron a la serie, como el time lapse o los extravagantes trabajos de cámara.

La destreza visual que caracterizó a la serie crea una transición fluida entre el formato televisivo y el cinematográfico, que en esta ocasión aprovecha una relación de aspecto más alargada de su imagen para potenciar las virtudes que ya nos habían deslumbrado años atrás. La fotografía de Breaking Bad le daba un sitial privilegiado al paisaje de Nuevo México, con sus áridos desiertos y cielos amplios, lo que les daba a sus episodios un vínculo con el género del western (en ocasiones, como el capítulo “Dead Freight”, esa conexión se hacía más evidente, con sucesos como el robo de un tren). La relación con dicho género vuelve a aparecer en esta cinta, a través de una de las piezas más típicas de esas historias, el que en vez de parecer fuera de lugar se integra bien con el mundo donde transcurre el relato.

Aunque interesantes, las acciones narradas en la película no son del todo sorprendentes, ya que siguen un desarrollo natural en base a lo que uno podría esperar. El mayor atractivo de El Camino, a mi parecer, es lo que ocurre con Jesse como personaje, y cómo su experiencia se diferencia del trayecto que tuvo Walter. Mientras el protagonista de la serie se sumergía en un mundo turbio, aceptando el destino corrompido que le esperaba, Jesse siempre destacó por mantener una cuota de humanidad pese a los vicios que lo rodeaban. Por eso, ante la megalomanía y ambición del primero, surgían la culpa y sufrimiento del segundo. La dinámica que se producía entre los dos provocó que varias de las consecuencias experimentadas por Jesse surgieran de situaciones que él no manejó, ocupando un rol más pasivo, así que en esta ocasión surge la oportunidad de corregir el rumbo con sus propias manos.

Los flashbacks al periodo en que Jesse estuvo cautivo ayudan a que entendamos algunas cosas que el personaje siente en el presente, debido a las secuelas que generan las experiencias traumáticas en una persona. Entre los personajes de la serie que regresan para esta película se encuentra Todd (Jesse Plemons), uno de los más intrigantes que apareció en Breaking Bad, por encarnar tanto la figura de un psicópata que está impedido de cualquier esbozo de empatía y la de alguien tan ingenuo que es incapaz de diferenciar lo bueno de lo malo. Durante la transmisión original de la serie pudimos presenciar el talento de Aaron Paul como actor, que recibió múltiples premios gracias a su trabajo, y con esta película vuelve a demostrar un nivel tan o más sobresaliente, pero también es la oportunidad de Plemons para brillar y sacar a relucir las cosas que ha aprendido durante los últimos años.

Seis años desde el final de la serie no pasan en vano, y los efectos del tiempo se pueden notar en algunos actores que regresan con esta película. Es un efecto difícil de disimular, como ya pudimos ver en Better Call Saul, el spin-off de Breaking Bad que transcurre antes de los hechos narrados en la serie, pero ese tipo de detalles no perjudican el resultado final de estas obras ya que no afectan su esencia. Entre todos esos trabajos existe una identidad que las une y les otorga una fuerte afinidad, lo que crea la ilusión de estar viendo algo que efectivamente ocurrió en la época donde dicen estar ambientadas. Con los saltos temporales de El Camino, esa sensación se logra en varios periodos, a través de la forma en que se comportan sus personajes dependiendo de la etapa de sus vidas en la que se encuentran.

Leyendo algunos comentarios sobre la cinta, tanto negativos como positivos, una de las cosas que se repiten es tratarla como una obra innecesaria, que no justifica su existencia. Hablar de la “necesidad” de esta película es medio intrascendente, ya que se podría preguntar lo mismo acerca del spin-off sobre Saul Goodman (¿era realmente necesario contar su historia de origen?), pero eso no afecta en nada su calidad. El atractivo de esa serie y de esta cinta no depende de la utilidad que pueda entregar, como si se tratara de un simple ejercicio matemático. Su valor consiste en permitirnos explorar nuevamente un mundo tan completo como el que creó Gilligan, donde es la idiosincrasia de sus personajes, las reglas y principios que los guían, y la psicología detrás de sus acciones, la que permiten un fascinante contexto para el relato.

Las opiniones acerca de la utilidad de esta cinta hacen recordar a los comentarios que provocó el episodio “Fly” de la tercera temporada, donde Walter y Jesse permanecen en una sola locación, lidiando con un problema muy acotado. Ese capítulo, que surgió debido a las restricciones de presupuesto de la serie, es considerado por algunos fans como uno de los puntos bajos de Breaking Bad, como un mero episodio de relleno que podría haber sido omitido por los realizadores. Esa conclusión, sin embargo, omite el poder que tienen las interacciones entre los personajes y la destreza en la utilización del lenguaje cinematográfico para construir algo atrayente.

De manera similar, El Camino puede no contar cosas muy reveladoras en términos fácticos, pero nos entrega un vistazo a la mente de su protagonista y le da una meritoria conclusión a su viaje personal. “Felina”, el capítulo final de la serie, se centraba en Walter y lo hacía reflexionar acerca de las verdaderas motivaciones de sus crímenes, siendo el desenlace de Jesse una mera consecuencia de lo que hizo el otro personaje. Con esta cinta, Jesse adquiere un mayor poder de decisión en la dirección de su propia vida, idea que es reforzada visualmente al comparar los últimos planos de ambos trabajos.

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