The Dead Don’t Die (2019)

The_Dead_Don't_Die-posterA pesar de ciertas voces negacionistas que prefieren ignorar las evidencias y los estudios sobre el tema, una apreciación ampliamente difundida en la actualidad es que nuestro planeta se encuentra en un estado crítico. Las acciones del ser humano sobre el medio ambiente han generado una situación que amenaza la vida sobre la Tierra, lo que se traduce en una extinción masiva de especies que avanza con un ritmo más acelerado que las extinciones naturales que ocurrieron en el pasado. Algunos portavoces que alertan sobre estos sucesos son a veces subestimados o ridiculizados, pero sus mensajes también son capaces de inspirar a otros, como al director estadounidense Jim Jarmusch y su nueva película The Dead Don’t Die.

Influido por esta situación, el cineasta decidió retratarla ocupando las películas de zombies, unas criaturas que durante décadas han tenido una gran capacidad para ser la base de diferentes metáforas. La idea de una amenaza lenta pero incansable, que nos supera en número y que casi no puede ser detenida, se convirtió en la principal herramienta del director George A. Romero, quien hace más de cincuenta años comenzó a explorar algunos de los problemas que veía en la sociedad de Estados Unidos a través de ellos. Jarmusch toma como punto de partida este popular subgénero del cine de terror, pero le da un giro bastante particular, una especie de “jarmuschización” que se aleja del tono al que nos tienen acostumbradas dichas cintas.

La causa de los hechos narrados en la película es global, debido a una variación en el ángulo de rotación del planeta, pero las consecuencias mostradas en The Dead Don’t Die quedan acotadas a un solo pueblo, Centerville. Los primeros efectos que notan sus habitantes son una variación en la duración de la luz solar, un extraño comportamiento de los animales y desperfectos de los aparatos eléctricos, situaciones que son solo un anticipo del principal peligro que deberán enfrentar los personajes, la resurrección de los muertos como criaturas violentas y caníbales. En medio de todo este conflicto se encuentran los miembros del departamento de policía de Centerville: el jefe Cliff Robertson (Bill Murray) y sus oficiales Ronnie Peterson (Adam Driver) y Mindy Morrison (Chloë Sevigny).

Aunque hay zombies y los personajes se esfuerzan por sobrevivir sus ataques, es difícil hablar de esta cinta como una película de terror propiamente tal. Cuesta incluso referirse a ella como una comedia con elementos ligados al terror, ya que el enfoque de Jarmusch se basa en sus propias reglas, sin enmarcarse en las categorías convencionales de los géneros cinematográficos. Su atmósfera tiende hacia lo absurdo, debido a algunos hechos estrafalarios que muestra, aunque la forma de representarlos no depende de un histrionismo forzado, sino que de un estado de ánimo más pausado. Ciertas escenas se alargan más de la cuenta, sacando a relucir los tiempos muertos y los momentos incómodos, y hasta los diálogos de los actores parecen estar contagiados de ese letargo.

Que la película no funcione con las reglas del cine de terror no significa que no pueda hacer algunas referencias a esos trabajos. Hay guiños directos a ese género cinematográfico, incluido un automóvil que es descrito como “muy George Romero”, una polera de la cinta Nosferatu (1922), o la explicación de cómo derrotar a los zombies destruyendo sus cabezas. La entretención momentánea que provocan esos instantes no es suficiente para energizar a una obra que se desenvuelve con la lentitud de los muertos vivientes que aparecen en la pantalla. Ni siquiera la utilización de esas criaturas como elementos alegóricos es demasiado efectiva en este caso, y los constantes recordatorios a las películas de Romero -que supo ocuparlos de mejor forma- no la terminan de ayudar.

Pese a que las metáforas de Romero no eran siempre sutiles o demasiado complejas, había ocasiones donde su visión permitía construir diferentes capas de significado dentro de sus obras. Es importante también la época en la que hizo ese tipo de ejercicios, ya que no es lo mismo ser el precursor de algo que repetirlo décadas después. El vínculo que ese director hizo entre el instinto de los muertos vivientes y el consumismo en Dawn of the Dead (1978) no tiene la misma fuerza cuando Jarmusch lo replica en la actualidad, llegando incluso a ser más obvio en su intento. Lo directo del mensaje también se nota en otros elementos de la película, como el gorro que ocupa el personaje de Steve Buscemi.

Las referencias intertextuales no son el único elemento de este tipo en The Dead Don’t Die, ya que también hay ocasiones donde surgen muestras de metaficción, es decir, una autoconsciencia de parte de la cinta de su calidad de tal. A lo largo del metraje, por ejemplo, se escucha una canción compuesta por Sturgill Simpson, y en una escena donde los personajes de Bill Murray y Adam Driver la oyen en la radio, el segundo explica que la conoce porque es el “tema musical” de la obra. Estas referencias se vuelven más explícitas hacia el final de la cinta, aunque su presencia no es explicada de manera clara, salvo como un impulso de Jarmusch por ser más irreverente, lo que no funciona del todo.

Al desarrollar estas diferentes dimensiones de la película, el director asume o exige que los espectadores conozcan algunos aspectos externos al relato, y otros ligados a su producción, para poder disfrutarlo de mejor manera. La propia elección de los actores surge como algo que le entrega un atractivo adicional a la cinta, al emplear tanto a colaboradores habituales de Jarmusch como apariciones inusuales de otros rostros. Muchos de los personajes están definidos no por su personalidad o acciones, sino que por la identidad de los actores que los interpretan. De esa manera, es difícil examinar la obra de forma completamente aislada, desprovista del contexto al que pertenece y del lugar que ocupa dentro de la filmografía del cineasta.

Cuando se estrenan películas irregulares de directores respetados, a veces son recibidas con una indulgencia excesiva, lo que ha ocurrido con cintas como Holy Motors (2012) de Leos Carax o algunos trabajos de Alejandro Jodorowsky. El estilo de Jarmusch, tanto en sus obras como fuera de ellas, lo transformaron en una figura de culto, un paradigma de lo alternativo y de no renunciar a la autonomía artística, así que hay una predisposición por buscar los méritos de una película como esta, pese a que si hubiese sido dirigida por otra persona la reacción sería más dura. Es destacable que la obra se arriesgue a crear algo distinto, que escapa de las normas preestablecidas, pero no es suficiente por sí mismo para que el resultado sea satisfactorio. Para que eso ocurra es necesario un relato que cautive, por su atmósfera, ritmo, personajes, o estilo, lo que no se cumple en este caso.

Debido a las ideas exploradas y el tipo de criaturas que escogió, el estilo de Jarmusch resultó más coherente en su cinta de vampiros Only Lovers Left Alive (2013), pero no en esta, donde la atmósfera se nota más adormecida que hipnótica.

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