The Souvenir (2019)

The_Souvenir-posterLos primeros minutos de la película The Souvenir transcurren dentro de una fiesta en el departamento de la protagonista. La directora Joanna Hogg muestra algunas conversaciones y a personajes secundarios interactuando entre sí, con la detención suficiente para instalar una cierta noción del contexto en el que están insertos, pero al mismo tiempo con una indeterminación que nos impide identificar si nos quiere mostrar algo en concreto. Eso permite que durante estos minutos sea introducido uno de los principales personajes de la cinta sin que casi nos demos cuenta, ya que es presentado de manera indirecta, solo como alguien más, dado que la cámara no permanece demasiado tiempo sobre él, lo que no permite inferir la importancia que tendrá luego sobre el relato.

Este tipo de estrategia también se nota durante el resto del metraje, con cosas tan básicas como la época en la que transcurre el relato. Si bien vemos que en el departamento de la protagonista, Julie (Honor Swinton Byrne), hay algunos objetos análogos, como cámaras fotográficas o de cine, su forma de vestir y el círculo de amigos que tiene pueden transmitir la noción de que posee una sensibilidad hípster que la atrae a la estética vintage. A medida que el metraje avanza nos damos cuenta de que no se trata de una joven interesada por lo retro, sino que la obra realmente está ambientada en el pasado, a comienzos de los años 80.

Julie estudia cine y vive en el exclusivo barrio de Knightsbridge en Londres, gracias a los recursos con los que cuenta su familia. Sus privilegios, sin embargo, no parecen ser tantos como los de Anthony (Tom Burke), el personaje al que conoce en la fiesta del comienzo. Mientras la protagonista trata de no entregar una imagen opulenta de si misma, Anthony resulta hasta petulante por la superioridad que quiere transmitir al resto de las personas. Esto se nota no solo por su ropa, que consiste en trajes finos y abrigos largos, sino también por la forma en que se relaciona con los demás, a través de opiniones condescendientes y una incapacidad para sentir empatía por otros.

A pesar de las diferencias que tienen ambos personajes, la película narra el romance que se forma entre ellos, el que inevitablemente irá creando diferentes problemas para la protagonista. Hogg basó parte del relato en su propia experiencia, mostrando por un lado los primeros pasos de su viaje profesional como cineasta, y por otro la tortuosa relación que tuvo con un hombre mayor a ella. Debido a la manera en que la directora explora estas situaciones, sin entregar demasiados detalles acerca de lo que ocurre, no queda muy claro qué aspectos de Anthony conquistaron a Julie, que siente un genuino afecto por él, y varios elementos quedan en la penumbra, como la verdad acerca del trabajo que éste tiene. Lo que no es ambiguo es la adicción que tiene Anthony, circunstancia que es ignorada en un principio por la protagonista, pero que en una escena posterior es revelada de manera casual por un personaje secundario.

Formalmente, The Souvenir tiene algunos rasgos de película de estudiante, como la que su propia protagonista está haciendo. Hay un afán por utilizar ciertos recursos estilísticos que no son tan comunes en el cine mainstream, como ocupar diferentes formatos de filmación (super 8 mm, 16mm, digital), un montaje que a veces vincula escenas según ideas o sentimientos más que por un orden cronológico, una meticulosa y poco convencional composición de los planos, un ritmo pausado, y una paleta de colores apagada. Aunque algunas decisiones estéticas son llamativas y le otorgan un estilo característico a la obra, la sensación de estar ante una película de estudiante también transmite la idea de que no todo está tan pulido como debería, o que la presencia de determinados elementos obedece más a su carácter decorativo que a la necesidad de estos, lo que resulta perjudicial si consideramos que Hogg tiene más de tres décadas de trayectoria.

Instalar la impresión de que estamos ante una cinta de espíritu joven puede ser bueno en algunos casos, para crear una chispa o energía novel, neófita, pero en otras ocasiones se corre el riesgo de irradiar una falta de experiencia y destreza. Una de las estrategias empleadas por la directora para la construcción del relato fueron los diálogos improvisados entre sus personajes, entregándole solo algunas pautas generales a los actores y dejando que ellos descubran cómo se desarrollaría cada escena. Lo que podría haber entregado un efecto espontáneo y natural, a ratos queda como un atropello de frases que luchan por determinar cuándo deben terminar para que la otra persona tome la palabra.

No ayuda tampoco que el personaje de Anthony haya sido asignado a un actor que no encarna muy bien el tipo de persona que se supone debe ser. Por la manera en que se comporta y los diálogos que dice, el personaje aspira a una imagen refinada y snob, arrogante, pero con el carisma suficiente para justificar que la protagonista se deje hechizar por él. Burke se esfuerza bastante por lograr ese resultado, pero no logra sacudir la impresión de que se ve mucho más joven de lo que su forma de ser parece insinuar; el personaje resulta más lógico como alguien maduro, así que el actor termina recordando a un niño que quiere ocupar los zapatos de su papá.

Con un cigarrillo siempre en la mano y unas inflexiones en la voz con las que pretende crear la ilusión de haber tenido una vida llena de experiencias significativas, el resultado termina siendo artificioso, poco creíble. Esa discordancia entre intérprete y rol transforma su actuación en una imitación más que en la encarnación de una persona de carne y hueso, sobre todo por el “peso” que exigía el papel. Es difícil definir lo que se entiende por esa herramienta, también llamada “gravitas” en inglés, pero actores como Philip Seymour Hoffman son buenos ejemplos de ella. Tales puntos bajos, que en el caso de un simple personaje menor podrían ser unos detalles perdonables, acá afectan a uno de los pilares de la obra así que esta se ve perjudicada en su totalidad.

El tipo de trabajo que debía hacer Honor Swinton Byrne era distinto al de Burke, y en su caso el resultado es más satisfactorio. Julie es una joven tímida, que está recién comenzando a desarrollar su profesión, así que el haber escogido a una actriz sin mayor experiencia para el rol fue acertado. A pesar de no ser conocida para la gran mayoría de las personas, tiene una fuerte conexión con el mundo de la actuación y con la propia directora, ya que es hija de Tilda Swinton, vieja amiga de Hogg y protagonista de su cortometraje Caprice (1986). Como un guiño de metaficción, Swinton también actúa en The Souvenir, interpretando a la madre de Julie, con interacciones entre ambos personajes que se convierten en los instantes más genuinos del relato.

La languidez de la película impidió que sintiera emociones fuertes al verla, o que provocara alguna impresión indeleble en mi mente. A pesar de que el conflicto entre Julie y Anthony tiene los componentes suficientes para crear algo interesante, Hogg prefiere los silencios y las cosas no dichas para dar forma a su obra, algo que si bien privilegia los detalles y los matices sobre lo aparatoso y sobreabundante, acá se queda corto porque deja fuera varios aspectos esenciales del relato. Uno de esos aspectos es la propia relación de los personajes, que se siente incompleta, en detrimento del impacto que debía provocar el último tercio del metraje.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s