Blinded by the Light (2019)

Blinded_by_the_Light-posterPara algunos personajes de la película Blinded by the Light (La música de mi vida), el fanatismo que el protagonista demuestra por Bruce Springsteen es difícil de entender. Aunque la obra está ambientada en 1987, tres años después del lanzamiento de su famoso álbum Born in the U.S.A., la música del artista de Nueva Jersey es vista como algo anticuada por ciertos conocidos del personaje principal, que están más interesados por los sonidos del new wave, en una época donde los sintetizadores eran la norma. Esto no le interesa a Javed (Viveik Kalra), un joven que prefiere centrarse en la sustancia de las canciones que en las melodías de moda, y parte de esa actitud se replica en la propia cinta, la que a partir de un relato que transcurre décadas atrás construye una conexión con situaciones que ocurren en el presente.

Basada en la autobiografía de Sarfraz Manzoor, Greetings from Bury Park: Race, Religion and Rock N’ Roll, la cinta gira en torno a un adolescente de origen pakistaní que vive en el pueblo de Luton, Inglaterra. El propio Manzoor fue uno de los coguionistas de la película, y en ella muestra la complicada situación que experimentó su familia en un país que estaba entonces liderado por Margaret Thatcher, con altos niveles de desempleo y una creciente oleada de xenofobia y racismo. Esta situación no es el único problema que debe enfrentar Javed, ya que su padre (Kulvinder Ghir) ejerce un estricto control sobre él y su futuro, lo que se convierte en un obstáculo para su sueño de convertirse en escritor.

Es en medio de todo esto que el protagonista descubre la música de Springsteen, gracias a la ayuda de un compañero de colegio (Aaron Phagura), un hecho que se transforma en algo definitorio para el adolescente, quien siente una conexión inmediata con sus canciones. Aunque los separan miles de kilómetros y pertenecen a culturas distintas, la transversalidad de las melodías sirve para que el joven examine su situación a través del mensaje que ve en ellas. Las letras del músico estadounidense reflejan las emociones de Javed y le permiten ver el mundo de otra manera, inspirándolo a buscar nuevos horizontes e incluso confesarle sus sentimientos a la compañera que le gusta (Nell Williams).

La música es un componente fundamental para la obra, que por lo general la utiliza de manera diegética en el relato, es decir, cuando el protagonista la escucha a través de algún parlante o con sus audífonos. Si bien la película tiende a mantener una porción de realidad dentro del universo donde transcurre la historia, hay un par de ocasiones donde vemos algunos destellos de fantasía que es común en los musicales, donde una melodía puede provocar que las personas presentes en alguna escena se unan al ritmo a través de baile o canto. Cuando eso no ocurre, las canciones igual son capaces de alterar la normalidad de Javed, con textos que aparecen en la pantalla para reflejar el profundo impacto que están produciendo sobre él.

Una vez que se forma este vínculo con la obra de Springsteen, el protagonista dirige casi toda su atención hacia él. Cita de forma recurrente los versos de las canciones como si fuesen lecciones filosóficas, empapela su habitación con afiches del artista, y hasta empieza a imitar su forma de vestir. La conducta de Javed puede parecer algo extraña, incluso contraproducente, ya que al centrarse de forma tan exclusiva a los trabajos de un solo músico, se está cerrando a las posibilidades de expandir su visión, pero al mismo tiempo refleja bien esa obsesión que caracteriza a la adolescencia, donde un determinado incentivo es capaz de fascinar a alguien de forma especial.

No es difícil ver el contexto de la obra al lado de lo que ocurre actualmente en Europa o América, con el resurgimiento de ideologías nacionalistas y supremacistas. Ante ese panorama desolador, la respuesta de la película consiste en destacar las semejanzas que pueden existir entre personas de diferentes orígenes, lo que transforma la experiencia de un hombre de clase trabajadora estadounidense en algo con lo que se puede sentir identificado un adolescente musulmán inglés. La cinta es consciente de cómo las situaciones ambientadas treinta años atrás evocan lo que ocurre el día de hoy en varios países, especialmente con personas que provienen de Medio Oriente, aunque ese entendimiento presenta un curioso lapsus en una escena donde se habla de Estados Unidos como un lugar idílico, considerando sobre todo la actual situación política de ese país.

Al ser hija de inmigrantes indios, la directora Gurinder Chadha comprende la experiencia de Manzoor, es decir, esa ambivalencia de pertenecer (y no pertenecer) a dos culturas al mismo tiempo.  Se trata de una idea que también ha explorado en trabajos anteriores, siendo el caso más conocido Bend It Like Beckham (2002), sobre una adolescente que debe enfrentar diferentes prejuicios por su amor al fútbol. Chadha, que colaboró con Manzoor en la escritura del guion de Blinded by the Light junto a su marido Paul Mayeda Berges, construye un relato que busca alcanzar un efecto bien determinado, con arquetipos, desarrollos y fórmulas ya probadas, pero el resultado carece de la chispa que tenía su cinta más conocida, la que termina siendo más genuina y natural.

Aunque intentar cosas nuevas le otorga un interés adicional a las películas, que estas ocupen elementos conocidos no es de por si algo negativo. Hay obras que son tan hábiles aplicando ciertas fórmulas que sus lugares comunes no les restan ningún valor, siendo su efectividad la razón suficiente para justificar su uso. En este caso, sin embargo, no estamos ante una obra que resulte demasiado sobresaliente en su desarrollo, sino que ante un trabajo bastante estándar. Al ir reconociendo las distintas piezas del relato y el objetivo que hay detrás de cada una, es difícil sumergirse en la trama y los personajes, que pasan a ser vistos como meros componentes de este aparato narrativo.

Además de la música de Springsteen, el otro aspecto que busca diferenciar a Blinded by the Light de otras cintas es el entorno cultural al que pertenece su protagonista. Pese a que es novedoso ver la historia de un personaje de origen musulmán, y el vínculo que tiene con la obra de un artista tan diferente a él, la forma en que esta dimensión de la obra es tratada vuelve a caer en lo derivativo y predecible. Las posibilidades de entregar ciertos matices interesantes u observaciones perspicaces son anuladas por su afán de simplificar las cosas hasta el extremo de hacerlas estériles, inertes. Cualquier idea que quiere expresar es deletreada de manera innecesaria, para que nada quede en la ambigüedad.

El momento mejor logrado de la obra transcurre en una fiesta a la que el protagonista acompaña a su hermana menor, donde presencia no solo que la adolescente que veía tan reservada y tímida es capaz de rebelarse como él, en un espacio donde puede ser libre, sino que además le permite conectar con sus raíces. Aunque Javed participa de esta actividad escuchando primero la música de Springsteen, finalmente se saca los audífonos y empieza a disfrutar de las canciones de su cultura, una de las tantas influencias que lo definen como persona. Esta escena es un oasis dentro de una cinta que por lo general prefiere soluciones sencillas para las cuestiones complejas, lo que puede terminar afectando al propio artista que pretende homenajear, ya que corre el riesgo de arrastrar su música a ese tipo de dinámica.

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