One Child Nation (2019)

One_Child_Nation-posterEn regímenes totalitarios donde el poder de los gobernantes se desenvuelve sin contrapeso, la influencia del Estado sobre la vida de las personas es tal que hasta expresiones básicas de autonomía y privacidad se ven restringidas. Un ejemplo de ello es lo que ocurrió en China entre 1979 y 2015, cuando se implementó la política del hijo único, que, buscando controlar el crecimiento de la población, estableció límites al numero de descendientes que podían tener las familias. La medida se convirtió en uno de esos datos que pasaron a definir la visión que el resto del mundo tenía de ese país, y algunas de sus consecuencias negativas podían deducirse a partir de lo difícil que era implementar ese sistema, pero es distinto examinar esa situación desde una perspectiva general o abstracta que otorgándole rostros y nombres específicos, como lo hace el documental One Child Nation.

Dirigida por Nanfu Wang y Jialing Zhang, ambas nacidas en China durante la vigencia de esa política, la cinta fue inspirada por el embarazo de la primera, quien a raíz de ese acontecimiento empezó a ver de una manera distinta las situaciones que vivió junto a su familia en aquellos años. A eso también contribuyó el hecho de mudarse a Estados Unidos, lo que le entregó una distancia necesaria en su perspectiva para ver cómo el Estado influía en la vida de las personas. Al haber sido criada dentro de ese sistema, con una constante exposición a diversos mecanismos de propaganda del gobierno, creció creyendo que se trataba de algo normal, opinión que aun comparte el resto de su familia, que sigue viviendo en el país asiático.

El documental no solo nace a raíz de una experiencia personal de Wang, sino que la cineasta ocupa su propio círculo cercano para narrarlo. Dado que el gobierno chino aun está construido sobre prácticas de corte totalitario, era complejo para las directoras hacer una película dentro del país, investigando una materia tan delicada de su historia. Por eso, al realizar la mayoría de las entrevistas con familiares y conocidos, el proceso de filmación quedó acotado a sus casas, dentro de un entorno más cerrado, que no llamó demasiado la atención de las autoridades. Además, este vínculo entre directora y entrevistados facilitó que las respuestas fuesen más honestas, aún cuando los interrogados no supieran con exactitud cuál era el objeto del documental ni la opinión de Wang acerca del tema explorado.

Algo que llama la atención de la película es la serenidad con la que sus entrevistados describen algunas cosas, transmitiendo una impresión de normalidad respecto de situaciones que para los espectadores resultan espantosas. Las esterilizaciones y abortos masivos, el abandono de niños, las adopciones fraudulentas, el tráfico internacional de personas, todos esos hechos se convirtieron en prácticas habituales durante décadas en China. Aunque también hay algunos testimonios que son conscientes de lo moralmente reprochables que son tales medidas, por lo general oímos las palabras de personas que siguen viéndolas como algo necesario para el bienestar de su país.

Las directoras tienen la mesura de no transformar a One Child Nation en una obra demasiado explícita en sus opiniones o condenatoria hacia sus entrevistados. La cinta deja que de sus propios testimonios se desprendan los problemas de esa política, que de la franqueza de sus palabras -aun cuando ellos mismos no se den cuenta de las verdaderas implicancias de lo que ocurrió-, veamos que su postura es una consecuencia de lo que hizo el régimen chino contra su población. Muchos de esos efectos dependen de la construcción de un discurso determinado, de una versión de la realidad que es transmitida a través de canciones, afiches y hasta cajas de cereal, para convencer a la gente de que solo existe una postura correcta, y es la que entrega el gobierno.

Junto con las justificaciones utilitaristas de la política del hijo único, que habría permitido un mejor control de los recursos disponibles y evitó que China cayera en el caos, los entrevistados a veces explican la bondad de la medida por el solo hecho de ser la ley, es decir, la voluntad del Estado. Es un tipo de lógica que George Orwell había descrito en su novela 1984, hasta extremos absurdos, donde la fidelidad de los gobernados debía ser tal que el discurso oficial podía cambiar drásticamente y la población estaba condicionada a seguirla sin cuestionarla. Esto se ve en el documental cuando explican lo que ocurrió después de 2015, año en que la política del hijo único fue reemplazada por la de los dos hijos, debido al envejecimiento de la población, a través de un esfuerzo de propaganda tan enérgico como el de la anterior.

De manera adicional, la obra plantea algunos temas que están ligados indirectamente con las limitaciones a la reproducción en China, y que le dan una mayor profundidad al relato. Es lo que ocurre con el machismo presenta en aquella cultura, en base al cual existe una preferencia por los hijos sobre las hijas, algo que es reconocido por el propio abuelo de Wang, quien le dice que ella y su hermano no están en el mismo nivel. Para los chinos, cuando una mujer se casa pasa a formar parte de la familia de su marido, lo que permite crear ese tipo de diferencias, las que continúan perpetuándose hacia las siguientes generaciones. La preferencia por los varones es lo que explica, además, que la mayor parte de los bebés abandonados y adoptados en el país sean niñas, cuestión que también se dio dentro de la familia de la directora según lo relatado por uno de sus tíos.

Al examinar documentales como este, que retratan situaciones tan graves e importantes, a veces se corre el riesgo de que el peso de los temas explorados nos impida evaluar a la obra en sí. Es decir, que el objeto de la cinta nos nuble la imagen de la cinta misma, de cómo esta obra desarrolla dicho material. Lo que podría haberse convertido en una simple película de denuncia, adquiere un mayor interés cuando se enmarca esta política tan grande en la vida de personas determinadas, lo que nos permite ver sus consecuencias desde una perspectiva más cercana. A pesar de lo concisa que es con algunas de sus ideas, One Child Nation funciona gracias a que adapta su enfoque a una escala más reducida, más personal.

 Y pese a que varias de las situaciones tratan acerca de abortos, las directoras evitan reducir el planteamiento del tema a una cuestión simplista, que les permita transformar al documental en un panfleto “provida”, ya que como se explica durante los últimos minutos el problema dice relación con una reducción de la libertad de las mujeres, algo que permite vincular lo que sucede en China con las restricciones presentes en países como Estados Unidos. Aunque los objetivos de cada país son distintos, en ambos casos los métodos consisten en negar la autonomía sexual de las mujeres, para alcanzar dichos fines.

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