Ford v Ferrari (2019)

Ford_v_Ferrari-posterUna de las técnicas de producción que caracterizaron a la empresa estadounidense Ford Motor Company fue la línea de ensamble, a través de la cual se le asignaba una tarea diferente a cada trabajador dentro de la fábrica, quienes actuando de forma consecutiva iban incorporando diferentes elementos para construir el producto final. De esta manera, se cambió la antigua forma de producción, que consistía en el ensamble individual de cada producto, donde cada trabajador se encargaba del mismo proceso por separado. Mientras un proceso privilegia la eficiencia y la masividad, el otro se acerca más a la labor artesanal, donde la meticulosidad y el carácter personal del trabajo son más prevalentes, como ocurre con los vehículos fabricados por la compañía Ferrari. Ambos tipos de técnicas son mostrados brevemente en la película Ford v Ferrari (Contra lo imposible), representando las profundas diferencias que caracterizan a esas empresas.

En la película no aparece el magnate Henry Ford, que implementó esa técnica en su empresa, sino que su hijo, Henry Ford II (Tracy Letts), el que estuvo a cargo de prolongar el éxito de su padre. Sin embargo, en los años 60 se dio cuenta de que para vender vehículos no bastaba con producirlos más rápido que el resto, sino que era necesario conquistar al público. Para lograr eso, el departamento de marketing de la empresa propone adentrarse en el mundo de las carreras de autos, un entorno poco explorado por la compañía, donde varios de sus competidores ya tenían un lugar consagrado. En un primer momento, la estrategia de Ford consiste en tratar de adquirir Ferrari, pero un desaire que sufre en el último minuto de parte del dueño de la empresa italiana lo llevan a desarrollar vehículos de carrera por sus propios medios, con el objetivo de ganar las 24 Horas de Le Mans, una competición donde Ferrari ha sido campeona los últimos cinco años.

Alcanzar esa meta requiere de la ayuda de expertos, así que Ford contrata a Carroll Shelby (Matt Damon), un expiloto de Texas -ganador de Le Mans en 1959 a bordo de un vehículo Aston Martin- y diseñador de autos que posee los conocimientos necesarios para un desafío de esta magnitud. Como Shelby ya no conduce debido a problemas de salud, escoge como piloto al británico Ken Miles (Christian Bale), un hombre hábil tras el volante, pero de difícil temperamento, quien no encaja dentro de la imagen que Ford quiere proyectar a sus clientes. Como la competencia entre las empresas mencionadas en el título de la cinta obedece más a razones comerciales y de ego, el conflicto más atractivo dentro de la obra se produce dentro de la misma compañía Ford, donde Shelby y Miles tendrán que lidiar con las trabas impuestas por sus superiores jerárquicos, sobre todo Leo Beebe (Josh Lucas), mano derecha del dueño.

James Mangold, director de la película, no fue el primer cineasta en estar vinculado al proyecto, ya que anteriormente Michael Mann y Joseph Kosinski se interesaron por contar esta historia. La producción fue larga, extendiéndose por cerca de una década, y puede que en el fondo no haya estado muy alejada de los choques que los propios protagonistas tuvieron con la empresa para la cual trabajaban. Se trata de una obra poco habitual dentro del actual panorama cinematográfico de Estados Unidos, una de esas cintas dirigidas a un público adulto, que, pese a algunas secuencias de acción, se centra más en los personajes y en cómo ven el mundo, filmada con un presupuesto de casi 100 millones de dólares. Es un tipo de películas que han ido desapareciendo por la predominancia del cine de superhéroes, y parece coherente que sea Mangold quien lo intente, considerando que su trabajo en esa misma categoría, sobre todo con Logan (2017), trató de reconciliar ambas visiones.

El guion, escrito por Jez Butterworth, John-Henry Butterworth y Jason Keller, plantea de forma clara sus componentes, definiendo los conflictos que se desarrollarán a lo largo del metraje, la caracterización de los personajes, sus objetivos, y los obstáculos que deben superar para llegar a ellos. La transparencia que demuestra Ford v Ferrari sobre esta dimensión de la obra la hacen fácil de seguir y hasta predecible, avanzando sin grandes sorpresas. Su carácter convencional la llevar a recurrir a fórmulas bien conocidas en las películas de deportes, como los roces entre el conocimiento tradicional y la tecnología de punta, la lucha del underdog, la defensa de los principios morales contra el exitismo, el poder de los métodos arriesgados, y la integridad de la pasión versus el dinero.

Vemos también elementos familiares en la actuación de Christian Bale, un intérprete que se ha caracterizado por el compromiso que demuestra con cada rol, llegando incluso a incurrir en drásticas transformaciones físicas para algunos de ellos. Una carrera variada como la suya no impide identificar ciertas coincidencias o puntos recurrentes, como los papeles basados en personas reales, de carácter complejo, con irregulares habilidades sociales, pero con un conocimiento de nivel extraordinario en el área donde se desenvuelven. Lo vimos en Dicky Eklund de The Fighter (2010), Michael Burry de The Big Short (2015) y ahora con Ken Miles. De manera similar a la transparencia que demuestra el guion de la cinta, la interpretación de Bale exterioriza sus componentes y costuras, ya que se nota la mano del actor en casi todos sus manierismos, inflexiones de voz y movimientos.

Es la labor de Mangold la que pasa más desapercibida, gracias a un estilo de narración cercano al clasicismo, que no llama demasiado la atención hacia si mismo. Su eficacia permite que las dos horas y media de la película transcurran con fluidez, sin mayores sobresaltos. Donde mejor sobresale la cinta es en las secuencias de carreras, que transmiten la velocidad y riesgo a la que están expuestos los personajes, y que tienen como punto cúlmine la carrera de Le Mans de 1966, donde la anticipación que se fue construyendo durante los minutos previos es recompensada. Es una competición donde no basta con ser rápido, sino que constantemente rápido, una prueba de resistencia que se extiende por 24 horas y donde es necesario estar siempre en el mejor de los niveles.

Uno de los factores que destaca la cinta acerca de esta actividad son las revoluciones por minuto que alcanzan los vehículos, sobre todo ese punto que sobrepasa las 7.000 revoluciones, una zona de gran peligrosidad donde los conductores paradójicamente logran un poderoso estado de paz. Como no estamos a bordo del vehículo y no podemos notar esa sensación a través del movimiento del auto, la fotografía de Phedon Papamichael replica esa impresión a través de la cámara, mientras que el diseño de sonido a cargo de Jay Wilkinson termina de completar el efecto.

La película transcurre durante los años 60, una época donde existía una gran disparidad entre la velocidad que alcanzaban los autos de carrera y las medidas de seguridad con la que contaban sus pilotos. En 1955, por ejemplo, ocurrió un grave accidente en Le Mans que mató a 83 espectadores. Por eso, una de las preguntas que surgen al ver este tipo de deportes es qué lleva a los automovilistas a correr esos riesgos, qué es tan importante como para exponer sus propias vidas, algo que también ronda a la película Rush (2013) de Ron Howard, donde uno de sus protagonistas experimenta en carne propia esa cercanía con la muerte. Las motivaciones de los personajes surgen como una mezcla de razones, algunas ligadas a la idea de masculinidad, otras más cercanas a un deseo de superar a los demás y de superarse a sí mismos, de llegar a donde nunca nadie ha llegado antes; es una forma de pensar que podría incluso crear algunos lazos con las películas sobre astronautas.

Como está basada en hechos reales, Ford v Ferrari no solo debe elegir cuántas cosas mostrar acerca de lo que verdaderamente ocurrió, así como la perspectiva desde la cual contará la historia, sino también hasta dónde se extenderá el relato en términos temporales. Sabemos que el gran objetivo de los personajes es la carrera de Le Mans, pero, ¿es suficiente con terminar la película ahí o vale la pena mostrar lo que ocurrió después? La respuesta que la obra hace a esa pregunta se transforma en uno de sus aspectos más potentes, ya que refuerza algunos de los rasgos que definieron a su protagonista y le entrega una evocadora melancolía, cuestiones que lo transformaron en una especie de héroe anónimo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s