Richard Jewell (2019)

Richard_Jewell-posterEn los últimos años de su extensa carrera cinematográfica, Clint Eastwood ha demostrado un especial interés por adaptar historias reales acerca de héroes estadounidenses, es decir, de personas que enfrentadas a circunstancias límite demostraron un comportamiento excepcional. Estos personajes influyeron de manera crucial sobre las situaciones en las que estaban insertos, tanto así que el resultado de ellas sería muy distinto si estuviese alguien más en su lugar.  El protagonista de su nueva película, Richard Jewell (El caso de Richard Jewell), se suma a personas como el francotirador Chris Kyle de American Sniper (2014), el piloto de aviones Chesley Sullenberger de Sully (2016) y los tres jóvenes soldados de The 15:17 to Paris (2018).

Todas estas obras destacan la importancia de los individuos, de aquellas personas dotadas de algún rasgo particular que las hace sobresalir del resto y cuyas hazañas influyen sobre la sociedad, una visión coherente con el pensamiento de Eastwood, afín a la ideología libertaria. La iniciativa particular adquiere una importancia fundamental en los relatos, donde lo colectivo pasa a ocupar un rol más secundario, representando a las víctimas que los protagonistas deben proteger o a los enemigos que tienen que derrotar. Sus personajes principales no siguen a la masa, sino que actúan guiados por un impulso que nace de ellos mismos, recibiendo en algunos casos el cuestionamiento o las sospechas del resto de las personas, que no siempre comprenden lo que hicieron.

Aunque en un caso como el de Kyle es discutible el carácter heroico de sus acciones, la situación parece ser más clara respecto de Jewell (Paul Walter Hauser), un guardia de seguridad que durante los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 encontró una mochila sospechosa y alertó de inmediato a la policía, quienes luego descubrieron una bomba en su interior. El trabajo diligente del guardia permitió desalojar al público presente y pese a que la explosión del aparato provocó dos muertos y varios heridos, las consecuencias habrían sido mucho más desastrosas sin su ayuda. La noticia de lo ocurrido se propaga rápidamente y Jewell es tratado como un héroe, siendo entrevistado en la televisión, recibiendo las felicitaciones de la gente e incluso recibiendo una oferta para escribir un libro.

A diferencia de los otros héroes de Eastwood, el protagonista de esta cinta no encaja dentro de la imagen arquetípica de ellos. Jewell es un hombre con sobrepeso, que vive con su madre (Kathy Bates), tiene pocas habilidades sociales y muchas veces no se da cuenta de ciertos límites conductuales que debe respetar. Estos elementos llaman la atención del agente del FBI Tom Shaw (Jon Hamm), que comienza a investigar al guardia como posible sospechoso del ataque, algo que pudo haber hecho para alcanzar el reconocimiento que siempre quiso. Las sospechas llegan a oídos de Kathy Scruggs (Olivia Wilde), una reportera que tratando de conseguir una primicia escribe sobre el tema y provoca que los medios de comunicación apunten sus cámaras hacia Jewell y su familia, convirtiéndolo de una figura admirada a un posible criminal. El principal aliado del protagonista durante esas difíciles semanas será el abogado Watson Bryant (Sam Rockwell), que pese a no tener experiencia en materias penales decide ayudar a Jewell al darse cuenta de su inocencia.

El guion escrito por Billy Ray no pone en duda la inocencia del protagonista, así que en vez de construir un thriller acerca de si Jewell hizo o no lo que le imputan, el relato se basa en las injusticias que debe aguantar de parte de la prensa y las autoridades. Eastwood desarrolla la obra con la seguridad de alguien que lleva varios años como director, siendo la secuencia de mayor destreza la que narra el descubrimiento de la mochila y la bomba. A lo largo del metraje, el director recurre al estilo convencional que lo caracteriza, sin introducir innovaciones en aspectos técnicos ni de tono, así que esperar una obra donde el carácter absurdo de las situaciones es potenciado hasta límites cómicos -como el cine de los hermanos Coen- está fuera de lugar.

No es la primera vez que vemos la historia de una persona que es acusada de manera injusta, ya que en la literatura hay casos tan emblemáticos como El proceso de Franz Kafka, mientras que en el cine encontramos películas como North by Northwest (1959) de Alfred Hitchcock. Sin embargo, algo que diferencia a Richard Jewell de esos ejemplos, y que le puede entregar un cierto atractivo a la obra, es que el protagonista no se da cuenta completamente de las implicancias de lo que ocurre. Su admiración por la autoridad y el sentido de pertenencia que siente con las fuerzas policiales lo llevan incluso a justificar los procedimientos que el FBI realiza en su contra, señalando que se trata de una investigación acuciosa, que no quiere dejar cabos sueltos.

Estas particularidades de su personalidad, que permiten momentos donde el propio Jewell colabora con la investigación, son retratadas por Hauser con una mezcla de ingenuidad y patetismo. Hay veces en las que compartimos la frustración de su abogado, pero esos momentos no desvirtúan la calidad de víctima del protagonista ni evitan que empaticemos con su situación. Los puntos más fuertes de la cinta se desprenden de aquellos aspectos ligados a su calidad de estudio de personaje, una dimensión de la obra que demuestra mayores matices que la historia acerca de las injusticias a las que está sometido. Pero la complejidad que notamos en la caracterización del guardia no se extiende al de algunos personajes secundarios, que reciben un trato flojo de parte del guion.

La exaltación que la película hace de la idea de individuo no está limitada al protagonista, sino que abarca también a los antagonistas del relato. Aunque Shaw y Scruggs representan a dos poderes algo abstractos como el estado y la prensa, respectivamente, su comportamiento durante el relato obedece a factores muy ligados a su condición de personas, como los caprichos, las corazonadas y los prejuicios. El agente del FBI lleva a cabo su investigación guiado por el remordimiento de no haber evitado el ataque terrorista, mientras que la periodista busca satisfacer su ego, y en ambos casos los personajes sentían antes de la explosión que sus habilidades estaban siendo desperdiciadas en tareas irrelevantes. Cuestiones como la presión de parte del gobierno para atrapar al responsable o los esfuerzos de la prensa por vender ejemplares son mencionados solo al pasar en la obra, que prefiere explicar su cuestionable comportamiento como algo personal.

De las dos caracterizaciones, la de Scruggs resulta más burda, ya que desde su primera escena se le muestra como alguien carente de integridad, que es capaz de hacer cualquier cosa con tal de lograr algo. Más adelante, una vez que ocurre el atentado, su reacción consiste en rogar que el responsable sea alguien interesante para que su noticia resulte más sabrosa. Un aspecto que creó controversia con la película fue una escena donde la vemos ofreciendo sexo a cambio de una primicia, lo que fue desmentido por el periódico en el que trabajaba, y que no pudo ser impugnado por ella misma ya que falleció hace casi veinte años. Al retratar a estos personajes secundarios de una manera tan floja, con estereotipos pasados de moda, la película se perjudica a si misma, ya que rebaja la seriedad de las injusticias narradas debido a este tipo de mezquindades, logrando además que una cinta creada para limpiar el nombre de una persona incurra en la difamación de otra.

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