Gretel & Hansel (2020)

Gretel_&_Hansel-posterLos cuentos de hadas recopilados por los hermanos Grimm ya eran bastante tétricos originalmente, sobre todo el de Hansel y Gretel, que involucraba el abandono infantil y la presencia de una bruja caníbal que se comía a los niños que se pierden en el bosque. Incluso las versiones más contemporáneas de esos relatos, que tratan de suavizar su contenido, tienen dificultades maquillando este tipo de situaciones. Por eso, no resulta demasiado absurdo basar una película de terror en esa historia, ya que el material permite extraer elementos afines a ese género cinematográfico. El propio apellido de los escritores es ocupado a veces como un juego de palabras con el adjetivo en inglés “grim”, que puede ser traducido como “siniestro”, tal como ocurre con el subtítulo de la película Gretel & Hansel, “un siniestro cuento de hadas” (“a grim fairy tale”).

Junto con determinar qué elementos se agregarían al material original, para poder completar un largometraje de casi 90 minutos a partir de unas pocas páginas, el guionista Rob Hayes y el director Osgood “Oz” Perkins debieron ver con qué aspectos del relato podían prescindir. La película no muestra cosas clásicas del cuento como las migas de pan para marcar el camino, el hueso que ocupa Hansel para engañar a la bruja, ni la casa hecha de dulces. Incluso los primeros minutos de Hansel & Gretel: Witch Hunters (2013) fueron más fieles a la conocida obra que esta nueva adaptación, pero el interés de sus realizadores es distinto, prefiriendo conservar solo lo estrictamente necesario, con tal de mantener la base del relato y construir sobre él algo distintivo.

No es casualidad que los nombres de los hermanos protagonistas estén invertidos en el título, ya que la cinta le entrega una mayor importancia a Gretel (Sophia Lillis), que es representada como una adolescente encargada de cuidar a su hermano pequeño Hansel (Samuel Leakey) mientras una hambruna azota la zona donde viven. Sin poder permanecer en su casa, donde su madre ha perdido la razón, los hermanos se internan en el bosque con la esperanza de encontrar a un grupo de leñadores que les pueden proporcionar trabajo. Sin embargo, el camino no resulta sencillo y los personajes se pierden en su trayecto. Sin provisiones, lejos de casa y sin saber hacia dónde ir, la desesperación los empieza a agobiar, pero al final encuentran una misteriosa cabaña en cuyo interior hay un banquete aparentemente desatendido. Los niños no tardan en conocer a la dueña de casa, una anciana llamada Holda (Alice Krige) que los invita a quedarse con ella el tiempo que estimen necesario, mientras les proporciona interminables raciones de comida cuya procedencia no es cuestionada por ellos.

La importancia de Gretel dentro de la obra está reflejada también por la perspectiva de género que ocupa la película. En el mundo donde habita, sus opciones están limitadas por el hecho de ser mujer, pudiendo aspirar solo a caminos donde estará sometida a la voluntad de un hombre, ya sea como empleada o esposa. Su llegada a la cabaña de Holda le permite un nuevo punto de vista, a través del cual se irá conociendo y aceptando como es. Aquellos rasgos que intentó ocultar por miedo a la reacción que podía generar se convierten en un motivo de orgullo, aprendiendo a controlarlos e incluso descubriendo algunos puntos en común con la enigmática anciana del bosque. Lillis le otorga una llamativa madurez al personaje de Gretel, como si se tratase de una joven que se vio obligada a crecer antes de tiempo, algo que sirve para complementar estos temas.

El mito de las brujas surgió como algo muy ligado a la idea del género, y en la actualidad su persecución puede ser vista como casos de violencia contra la mujer, no muy distintos a los femicidios. La autonomía de quienes eran acusadas de brujería incomodaba a los poderes tradicionales, que al no poder controlarlas las culpaban de prácticas herejes y antinaturales, ocupando la violencia para castigarlas y evitar que otras personas las imitaran. Cintas como The Witch (2015) de Robert Eggers han servido para reivindicar esa idea de independencia de las brujas, de vivir a los márgenes de la sociedad según sus propias reglas, lo que también se nota en Gretel & Hansel.

Gracias a eso, Holda adquiere una vistosa complejidad, que la aleja de la demonización simplista en la que podría haber caído. La primera impresión que tenemos de ella coincide con la concepción tradicional de las brujas, pero a medida que la cinta avanza va revelando algunos interesantes matices. Esta evolución del personaje, si bien llamativa, no llega a convertirla en alguien inofensivo, ya que igual conserva un lado oscuro que nos impide descifrar del todo sus motivaciones. La actuación de Krige se convierte en uno de los principales atractivos de la película, debido a la presencia que logra en la pantalla, algo que es complementado por el efectivo maquillaje de Liz Byrne.

Algo que se nota desde los primeros minutos en la película es la atención que demuestra por su estética, a través del cuidado diseño de producción de Jeremy Reed y la fotografía de Galo Olivares. Visualmente, la obra genera una muy buena impresión, pero una vez que eso ocurre es necesario complementarlo con otros elementos para mantener la atención del espectador. En su primer tercio hay algunos instantes que nos distraen del efecto que Perkins trata de generar, debido a lo ridículos que llegan a ser, como el susto que los protagonistas pasan una noche cuando deciden dormir en una casa supuestamente abandonada, o la reacción que tiene su madre con un hacha.

Incluso los diálogos no terminan de convencer, debido a un dialecto demasiado artificial, diseñado para parecer antiguo pero que termina siendo demasiado teatral. A diferencia del trabajo de Eggers en The Witch, cuya verosimilitud permite crear la ilusión de que estamos viendo algo que pertenece a la época donde transcurren sus películas, acá se nota el artificio de los realizadores. Por otro lado, los monólogos internos de la protagonista pueden servir en un par de ocasiones para adentrarnos en su mente, pero la mayoría de las veces aclara o refuerza ideas que podrían haber sido entendidas por el espectador a partir de lo que vemos en pantalla. Su utilización parece obedecer ya sea a la iniciativa de un guionista poco hábil o a la presión de unos productores que no confiaban en la inteligencia del público.

Es recién cuando llegan a la casa de Holda que la atmósfera del relato adquiere una mayor importancia, dándole a estas escenas una sensación opresiva y claustrofóbica. El ritmo que ocupa el director es pausado, con momentos donde nos permite sumergirnos en lo que está ocurriendo, algo poco habitual en las películas de terror contemporáneas con estrenos tan masivos. Salvo un par de jump scares innecesarios, la cinta prefiere instalar un aura de intranquilidad sobre el espectador, para convertir a la obra en un viaje inquietante hacia un territorio desconocido. Con este tipo de ambientación, podemos llegar incluso a pasar por alto algunos de los defectos de Gretel & Hansel, ya que, así como Arquímedes dijo que con un punto de apoyo era capaz de mover el mundo, a veces una atmósfera bien construida puede ser la base para defender una película irregular.

Las ideas y las intenciones están ahí, aunque algunos pasos en falso impiden verla como una cinta sobresaliente. Las comparaciones pueden ser odiosas, pero debido a algunos temas en los que coinciden y la preponderancia que le dan a sus respectivas atmósferas, analizar esta obra al lado de la que hizo Eggers algunos años atrás puede servir para identificar dónde está lo que le faltó a la dirigida por Perkins.

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