Judy (2019)

Judy-posterLa vida de la actriz y cantante Judy Garland estuvo irremediablemente ligada a los escenarios. Siendo la hija menor de una familia que se dedicaba al vodevil, su primera presentación ocurrió cuando tenía solo dos años, y a partir de entonces continuó desarrollando una carrera artística que la llevó a transformarse en una de las estrellas más importantes de Hollywood. En la película Judy de Rupert Goold, basada en la obra de teatro End of the Rainbow de Peter Quilter, se narra parte de la historia de Garland, siendo el foco principal del relato los últimos meses de su vida, cuando pese a sus problemas de adicción y de salud continuaba realizando algunos espectáculos musicales, debido a una mezcla de necesidades monetarias y de amor por el arte.

En 1968, Garland (Renée Zellweger) se encontraba en una etapa complicada de su vida. El éxito de The Wizard of Oz (1939) la había ayudado a alcanzar la fama, pero décadas después el dinero que ganó a lo largo de su carrera se agotó y las dificultades que la actriz demostraba al momento de trabajar la fueron aislando dentro de Hollywood, debiendo realizar presentaciones esporádicas en recintos alejados del glamour de su pasado. Sin un lugar fijo donde vivir, se ve obligada a dejar a sus hijos menores a cargo de su exmarido, Sidney Luft (Rufus Sewell), mientras acepta una lucrativa oferta de trabajo en un club nocturno de Londres. La protagonista todavía mantiene una importante popularidad en el Reino Unido, pero sus problemas con las pastillas y el alcohol la convierten en alguien impredecible, tanto para los responsables del recinto como para ella misma, ya que cualquier paso en falso puede perjudicarla en la disputa que mantiene con el padre de sus hijos por la custodia de estos.

Junto con las escenas ambientadas en el final de su carrera, la cinta también muestra algunos flashbacks a la época cuando Garland estaba debutando en el cine. Esos momentos, donde la versión joven de la protagonista es interpretada por Darci Shaw, nos entregan un vistazo a la exigente vida que debía llevar, siendo cada uno de sus movimientos controlados por productores, asistentes y equipos publicitarios. La actriz debía proyectar una imagen idealizada al público, así que aspectos tan básicos como las cosas que podía comer o sus relaciones sociales eran cuidadosamente diseñadas. Varios de los problemas que tendría más adelante en su vida surgieron durante esos años, como los desórdenes alimenticios y la dependencia de los fármacos, que le eran suministrados cuando era joven para controlar su apetito o mantenerla despierta.

Lo que podría haber sido solo una película acerca de la decadencia de una artista y sus problemas con las adicciones, adquiere una interesante dimensión sobre lo que significa ser una celebridad, especialmente una como Garland, que fue una de las precursoras de la idea moderna que existe sobre el estrellato. Su vida estuvo bajo la mirada constante de la opinión pública, así que la cinta juega con esa relación entre realidad y ficción a través de situaciones inventadas, creadas especialmente para dar forma a su imagen de ícono adolescente. Los flashbacks poseen una estética artificial, con colores recargados y un diseño de producción que apunta a lo sintético, lo que da cuenta de la importancia que tenían las apariencias en su carrera, con citas y fiestas de cumpleaños que eran manejadas por terceros para vender una ilusión de espontaneidad.

Estas ideas que explora la obra sirven para darle un valor adicional al aspecto que más ha llamado la atención de la película, la actuación de Renée Zellweger. Su interpretación de Garland se convirtió en uno de los grandes puntos de conversación durante esta temporada de premios, ganando todos los reconocimientos imaginables y levantando expectativas para quienes aun no habíamos visto la cinta. El desempeño de la actriz es muy bueno, aunque cuesta acostumbrarse a la forma en que encarna al personaje, ya que desde los primeros minutos notamos lo mucho que se está esforzando en cada gesto y mirada. Durante esos instantes se puede apreciar el empeño que utiliza, pero la impresión de estar ante dos capas separadas (intérprete y rol) impide que se instale la ilusión de ver a alguien de carne y hueso. Sin embargo, la propia protagonista, debido a su estilo aparatoso, presenta también un lado grandilocuente, lo que a la larga permite una compenetración con la labor de Zellweger.

La atracción de Garland por los escenarios, aquel espacio en el que pasó tantos años, es a ratos más fuerte que sus adicciones. A pesar de su estado, el impulso por presentarse ante un público la llama, y cuando eso ocurre es capaz de sacar energía desde lugares insospechados. Lo vemos en su primera presentación en Londres, a la que llega sin haber practicado, desorientada, y tras haberse escondido en el baño de su habitación del hotel. La protagonista debe ser prácticamente arrastrada al lugar donde tiene que cantar, producto de su deplorable estado. Pese a eso, cuando aparece bajo los focos y la banda comienza a tocar la música, su voz se va activando de a poco y su cuerpo reacciona con una especie de instinto que la estimula para seguir con la presentación.

Ese momento es representado por Rupert Goold a través de un largo plano que permanece con la protagonista a lo largo de la canción (“By Myself”), moviendo la cámara de manera fluida en el escenario, ya sea acercándose a su rostro o creando unos planos más generales. La experiencia del director en el mundo del teatro lo lleva a construir instantes como ese, donde se privilegian las actuaciones de forma ininterrumpida y se logra una mayor inmediatez entre el espectador y lo que aparece en la pantalla. La destreza técnica de la cinta se nota además en su primera escena, que también consiste en un plano secuencia, en el que acompañamos a la joven Judy Garland mientras conversa con Louis B. Mayer (Richard Cordery), presidente de MGM, recorriendo unas escenografías de The Wizard of Oz.

La presencia de aquella película se extiende a lo largo de toda esta obra, lo que explica que el guion guarde la interpretación de la canción “Over the Rainbow” para los minutos finales. El tema con el que siempre se identificará a la figura de Garland puede tener diferentes interpretaciones dependiendo de la etapa de su vida desde la cual lo examinamos. Cuando era joven, podía representar la aspiración de un futuro mejor, el camino esplendoroso que se le presenta a una novata actriz que se convertirá en estrella, mientras que cuando es mayor adquiere un tono más melancólico, como la añoranza de un tiempo lejano o el recuerdo de oportunidades perdidas. A pesar de un instante algo cursi que ocurre hacia el final de la película, el director transmite el miedo de una mujer que teme ser olvidada y de ver cómo el trabajo y los sacrificios que realizó sean en vano.

El plano profesional de la protagonista se mezcla con su lado más íntimo en la cinta, haciendo que lo que ocurre en uno tenga importantes consecuencias en el otro. Algún traspié mientras canta o una frase desafortunada en una entrevista pueden significar un nuevo obstáculo para que recupere el lazo con sus hijos. Son ese tipo de cosas la que hacen que Judy tenga más méritos que un simple vehículo para mostrar el talento de su actriz principal, ya que captura la fuerte dependencia de un artista por obtener el amor del público, para bien y para mal.

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