A Beautiful Day in the Neighborhood (2019)

A_Beautiful_Day_in_the_Neighborhood-posterPese a unos absurdos ataques que recibió de parte de Fox News y de la Iglesia Bautista de Westboro, cuyo carácter insignificante constituye una excepción que confirma la regla, la figura de Fred Rogers fue merecedora de un respeto transversal en Estados Unidos. Sus esfuerzos por transmitir mensajes valiosos a los niños a través de su programa de televisión Mister Rogers’ Neighborhood lo convirtieron en sinónimo de una integridad moral pocas veces vista en el mundo del espectáculo. Pero si bien se trata de alguien llamativo, no es fácil posicionarlo como el protagonista de una película en términos convencionales, ya que en una historia de ese tipo sería complicado encontrar conflictos o defectos que deba superar, así que el enfoque de la cinta A Beautiful Day in the Neighborhood (Un buen día en el vecindario) debe ir por otro lado.

Inspirado por el reportaje “Can You Say… Hero?” que Tom Junod publicó en la revista Esquire en 1998, el guion de Micah Fitzerman-Blue y Noah Harpster decide mirar a Rogers (Tom Hanks) a través de los ojos de una versión ficticia de aquel periodista, quien recibe el nombre de Lloyd Vogel (Matthew Rhys) en la obra. Es él, y no Rogers, el protagonista de la cinta ya que su cinismo entrega mayores posibilidades de redención y sirve como punto de partida para el arco que experimentará como personaje. Su escepticismo permite incluso que actúe como un sustituto de aquellos espectadores que no crecimos viendo el programa de televisión, y por lo tanto no estamos sujetos a una nostalgia que suavice nuestra impresión de antemano, haciendo que compartamos el viaje junto a él.

Vogel es un periodista respetado, aunque su manera de escribir los perfiles de sus entrevistados le ha dado una fama de conflictivo y punzante, lo que dificulta las posibilidades de que alguien quiera colaborar con él. Un día, la editora de la revista para la cual trabaja le asigna la tarea de hacer un breve escrito, de no más de 400 palabras, acerca de Fred Rogers, para un número especial dedicado a diferentes “héroes”. El protagonista es consciente del buen prestigio que tiene el presentador de televisión, pero considera que este nuevo encargo es una degradación comparado con sus anteriores trabajos. A pesar de eso, el periodista decide abordar la labor con el mismo interés que sus piezas más serias, intentando desmitificar la figura de Rogers y descubrir su lado más oculto. Sin embargo, las cosas cambian cuando lo conoce en persona, ya que él mismo pasa a convertirse en el objeto de análisis cuando su entrevistado lo lleva a encarar sus propios sentimientos, como el rencor que siente por su padre (Chris Cooper).

Una de las primeras cosas que Vogel le pregunta a Rogers cuando se conocen es la diferencia entre él y el personaje que interpreta en la televisión. Para el protagonista, no es posible que alguien como él exista en el mundo real, pero a lo largo de la película se dará cuenta de que su entrevistado efectivamente es así en el día a día. Se trata de alguien paciente, que se toma el tiempo para hablar con las personas y darles toda su atención, sin miedo de expresar sus sentimientos ni de ayudar a los demás. No es difícil adivinar hacia donde nos llevará la conclusión del relato, ya que la forma en que el guion traza el viaje personal del periodista es bastante clara, pero la directora Marielle Heller le da a la cinta una efectiva dimensión emotiva.

Donde la obra si se permite escapar del convencionalismo es en su manera de evadir las barreras de las películas biográficas. A Beautiful Day in the Neighborhood no sigue el esquema habitual de las biopics, que muchas veces están restringidas por la necesidad de mostrar los hitos más importantes en las vidas de sus personajes, asemejándose a artículos de enciclopedia. Con el marco narrativo de las interacciones entre Vogel y Rogers, la película se asemeja a otros casos como My Week with Marilyn (2011) de Simon Curtis o The End of the Tour (2015) de James Ponsoldt, unas cintas que mostraban a dos artistas famosos desde una perspectiva más acotada y precisa, para hacerlos más cercanos.

La visión que entrega sobre Rogers, por lo tanto, no es una imagen general, sino que específica, hasta cotidiana. Para conocer más acerca de su vida y de cómo causó un impacto en la cultura estadounidense, la solución es el documental Won’t You Be My Neighbor? (2018) de Morgan Neville, el que puede ser utilizado como complemento de esta obra. Los objetivos de cada cinta son distintos, pero eso no impide que las fortalezas de una ayuden a la otra, convirtiéndose en un recomendable acompañamiento. Con la base que proporciona el documental, podemos entender el contexto en el que se desenvuelve la cinta de Heller y la importancia que tiene el entrevistado.

Así como el reportaje de Junod ocupaba algunos rasgos del programa de Rogers en la redacción del escrito, como las definiciones de ciertas palabras complejas para los niños, en esta película se recurre a una estrategia similar. Parte de la estructura de la obra está inspirada en los propios episodios del programa, con una introducción donde el personaje de Tom Hanks replica la presentación original y nos muestra al protagonista. También se ocupan miniaturas para representar a las ciudades donde transcurre la película, capturando ese aire “hecho a mano” que caracterizaba a Mister Rogers’ Neighborhood, y mezclando las dimensiones realistas y fantásticas del relato.

El tono de voz de Hanks no es igual al timbre suave que tenía Rogers, pero su actuación no trata de ser solo una imitación del personaje, prefiriendo en cambio acercarse a una especie de esencia que permita asimilarlo a aquel individuo. Una de las características que desarrolla durante la obra es la calma o quietud de Rogers, esa que convirtió a su programa en una anomalía televisiva, ya que no funcionaba con las mismas reglas que el resto de los productos dirigidos al público infantil. Su forma de ser lo diferencian del resto de las personas, funcionando con sus propios ritmos y manierismos, una cuestión que a veces puede generar efectos bastante curiosos. Para Vogel, la figura de Rogers surge como una presencia intimidante, ya que lo obliga a adentrarse en una parte de sí mismo que ha querido mantener cerrada.

Creo que no es exagerado ver la influencia que el cine de terror tiene sobre A Beautiful Day in the Neighborhood, que posee algunas escenas construidas con reglas típicas de ese género, como la inquietud que siente el protagonista cuando está expuesto a ciertas situaciones. Una secuencia onírica que vemos en la cinta se alimenta de la tensión gracias a un potente trabajo visual, el que podría servir como preámbulo para la aparición de Freddy Krueger en alguna película de A Nightmare on Elm Street. Fred Rogers, sin embargo, no es un asesino que busque sangre, sino alguien que apunta a reivindicar la vulnerabilidad como un importante primer paso que permita sanar las penas más profundas.

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