Tigertail (2020)

Tigertail-posterEn medio de la pandemia del coronavirus, el estreno de la película Tigertail (Cola de tigre) de Alan Yang surge como un suceso oportuno. Esta historia sobre la inmigración, cuyos personajes son casi todos asiáticos, llegó cuando los actos discriminatorios hacia esas personas son más frecuentes de lo habitual, algo que incluso afectó al propio protagonista de la cinta, el actor Tzi Ma. Aunque la obra no trata el tema del racismo propiamente tal, si muestra la soledad a la que pueden estar sujetos quienes llegan a vivir a otro país; el estar en un entorno nuevo, partiendo desde cero, donde se habla un idioma diferente y existen otras costumbres, lejos de los amigos y familiares, sin más conocidos que aquellos con los que viajaron a ese extraño lugar.

El protagonista de la cinta, Pin-Jui (Tzi Ma), viajó desde Taiwán hasta Estados Unidos para acceder a un mejor estilo de vida. Tras algunas décadas en ese nuevo país, se encuentra jubilado, tiene una casa, pero se divorció de su esposa Zhenzhen (Fiona Fu) y se encuentra distanciado de su hija Angela (Christine Ko). La película va saltando entre pasado y presente para mostrarnos cómo el protagonista pasó de un joven soñador y optimista a un hombre taciturno, incapaz de expresar sus sentimientos. Así, somos testigos de la experiencia que Pin-Jui y Zhenzhen (Lee Hong-chi y Kunjue Li) tuvieron cuando llegaron al barrio del Bronx en Nueva York, como un matrimonio que surgió más por conveniencia que por amor. Y también vemos lo que ocurrió con el protagonista antes de partir de Taiwán, donde trabajaba junto a su madre (Yang Kuei-mei) en una fábrica y pasaba el tiempo libre con Yuan (Fang Yo-hsing), una amiga de la infancia de quien está enamorado, pero a la que debió dejar atrás.

La sensación de soledad que experimenta el personaje principal no solo surge por el hecho de ser un extranjero en un país desconocido, sino que se extiende a su propio matrimonio y vida personal. Cuando era niño, una de las lecciones que recibió para sobrevivir fue que el llanto no solucionaba nada, algo que aplicó durante los años siguientes y que traspasó también a su hija. Pin-Jui encarna esa imagen familiar del hombre asiático de carácter reservado, de pocas palabras, pero en este caso no se trata solo de un arquetipo, ya que la película se encarga de profundizar en lo que siente. Ahora en su vejez, los pensamientos del protagonista giran en torno a la añoranza de la juventud, a las oportunidades desaprovechadas y a los arrepentimientos, llenando de melancolía su día a día.

Este es el largometraje debut de Alan Yang como director, cuya carrera ha estado más ligada a la televisión, y específicamente a las series de comedia, como Master of None, que creó junto a Aziz Ansari, y Parks and Recreation, de la cual fue guionista. Tigertail tenía algunos desafíos complejos, como la forma en que retrataría el matrimonio del protagonista, que nace para Pin-Jiu como su oportunidad de viajar a Estados Unidos pero que en el fondo es una relación destinada al fracaso. En vez de buscar soluciones fáciles o designar culpables que no existen, la obra trata este tema con respeto por ambos personajes, sobre todo Zhenzhen, que recibe algunas escenas propias para ser algo más que un simple inconveniente dentro de la trama. Esta atención que le entrega la película, sin embargo, no se aplica con la misma dosis para Angela, que termina sintiéndose algo insustancial, lo que tampoco es suplido por la actuación de Christine Ko.

Debido a su conexión con la inmigración asiática en Estados Unidos, la cinta puede recordar a The Farewell (2019) de Lulu Wang, sobre todo por la presencia de Tzi Ma en ambas obras, pero los temas explorados en cada una y la forma en que lo hacen son muy diferentes. La película de Yang no se detiene, por ejemplo, en los dilemas identitarios que existen en la obra de Wang, cuyos personajes se debaten entre su país natal y el que los acogió. Tampoco se nota la meticulosidad con la que esa cinta construía el contexto en el que transcurre su relato, con una atractiva idiosincrasia y dinámicas familiares que les daban una llamativa textura a las situaciones narradas. Se echa de menos también la sutileza de la visión de Wang, esa medida justa con la que retrataba las emociones de sus personajes y sus interacciones, elementos que en el guion de Yang no llegan a tener ese nivel mismo de delicadeza.

Los saltos temporales que se dan a lo largo de la cinta le permiten una narración más dinámica y expresiva a la obra, a través de los sentimientos e ideas que conectan a ambas épocas. Aunque a veces estas transiciones visuales son algo obvias y al comienzo no son muy fluidas, de a poco se van afianzando. Al estilo ocupado durante las escenas ambientadas en el presente, que tienden a lo sobrio, Yang contrapone las imágenes más idealizadas del pasado que Pin-Jui tuvo con Yuan, donde la combinación del diseño de vestuario, la paleta de colores, la banda sonora y hasta la utilización de cámara lenta en un momento específico, crean una cita al trabajo del director hongkonés Wong Kar-wai.

Si bien Tigertail transmite una atmósfera singular cuando muestra las escenas del protagonista con su novia, hay algo en los esfuerzos del director que no logran capturar aquello que hizo especial a películas como Faa yeung nin wa (In the Mood for Love; 2000). Esto parece ocurrir porque el enfoque de Yang no llega a adentrarse tanto en el terreno de lo lírico, donde la realidad de las situaciones mostradas está influida por lo que sienten los personajes, prefiriendo en cambio mantener ambos pies dentro del realismo. Cuestiones como esa diferencian su trabajo de otros directores que fueron capaces de adaptar el estilo de Wong Kar-wai con una mayor profundidad, como el estadounidense Barry Jenkins y su labor en Moonlight (2016).

La ausencia de ese paso adicional, que haga trascender a la obra a una categoría superior, evita que la película de Yang sobresalga demasiado, pero de todas maneras cuenta una historia que vale la pena ver. Incluso sin contar con el tacto o la intuición de Lulu Wang ni con el aire cautivante de Wong Kar-wai, la obra tiene el acierto de entregar un desenlace que evita las respuestas categóricas, mostrando en cambio un nuevo horizonte para su protagonista. Por respeto a la complejidad de los asuntos involucrados, no recibimos una respuesta mágica para esos problemas, sino que el inicio de otro viaje.

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