Moonlight (2016)

moonlight-posterEl cine, como toda forma de arte, se alimenta de las experiencias y las perspectivas de quienes crean las obras. Las películas presentan -en menor o mayor medida- una ineludible impronta personal de sus autores, por lo que discusiones como la que ha surgido recientemente acerca de la diversidad de las personas que participan en aquella industria resultan de gran importancia; mientras exista un abanico amplio de sectores trabajando en el cine, mayor será la variedad de películas que vamos a poder ver. Y esto en última instancia beneficia a los espectadores, quienes a través de las películas son capaces de presenciar realidades a las que no tienen acceso en su vida cotidiana, lo que les permite tener un mejor entendimiento del mundo y una mayor empatía.

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Spectre (2015)

Spectre_posterAlgo que ha caracterizado a la versión más reciente de la saga de James Bond, protagonizada por Daniel Craig, es el énfasis que se le da a los efectos que tiene la actividad del personaje en él mismo. Esto no solo se puede ver en el desgaste físico que sufre durante las peleas, lo que le ha otorgado una necesaria cuota de vulnerabilidad, sino también en aspectos más personales. Una de las preguntas que se plantean estas películas es cómo un estilo de vida que involucra estar siempre alerta, sin un lugar fijo donde vivir, expuesto a un peligro constante, puede afectar a alguien, lo que incluso ha llevado al espía en más de una ocasión a considerar la opción de adoptar otro camino. La visión idealizada del protagonista como alguien infalible es reemplazada por una donde se enfrenta constantemente a dudas, no siempre teniendo el control de la situación, lo que al final de cuentas lo hace más humano.

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Southpaw (2015)

Southpaw_posterEs conocida la estrategia de Hollywood al momento de narrar películas que giran en torno al boxeo. Como se trata de un deporte tan violento, se aprovecha de hacer un paralelo entre la actividad profesional de los protagonistas y sus vidas personales, transformando los golpes que reciben en el ring en un símbolo de las dificultades que deben enfrentar en el día a día. Sus personajes son seres quebrados, imperfectos, que ven en este deporte una manera de hacer lo que les gusta y salir adelante. Así se puede notar en clásicos del género como Raging Bull (1980) o Rocky (1976), y en ejemplos más contemporáneos como Million Dollar Baby (2004) y The Fighter (2010). La fórmula es utilizada incluso en cintas que tratan sobre otras actividades con una cuota similar de brutalidad, como la lucha libre en The Wrestler (2008) y las artes marciales mixtas en Warrior (2011).

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