Suspiria (2018)

Suspiria-posterEl cambio de tono que se produce entre Call Me by Your Name (2017), la anterior película de Luca Guadagnino, y Suspiria, su nuevo estreno, es evidente. El entorno soleado del norte de Italia, que evoca una atmósfera idílica y de ensueño, es reemplazado por la fría Berlín de fines de los años 70, donde se extiende un aire opresivo, estremecedor. La combinación entre pasión y arte es un aspecto común entre ambas obras, pero mientras en la primera se trata de algo sensible y seductor, en esta nueva cinta es una pasión que esconde un fin siniestro. En las dos películas el director demuestra su talento para crear sensaciones sugerentes, aunque el objetivo que en uno y otro caso pretende es muy diferente.

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Call Me by Your Name (2017)

Call_Me_by_Your_Name-posterHay películas que tratan a la ambientación de sus historias no como un mero elemento accidental del relato, sino como algo que es capaz de entregarle un espíritu propio, una atmósfera distintiva a la obra. Esto no solo se nota en historias de corte fantástico, que transcurren en lugares exóticos o que narran hechos inusuales, sino también en aquellas cintas que tienen un enfoque más realista. La combinación de elementos como el diseño de producción, la fotografía, la banda sonora, va dando forma a sensaciones bien definidas, que nos transportan a ese lugar y época determinados. Es lo que ocurre, por ejemplo, con un título como Carol (2015) de Todd Haynes, donde se transmite la melancolía de la historia narrada a través del lenguaje cinematográfico.

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