Stage Fright (2014)

Stage_Fright_2014_posterMezclar los géneros musicales y terror no es algo nuevo. El ejemplo más claro de esto es El fantasma de la ópera, que pese a ser concebida como una novela, ha sido adaptada en varias ocasiones como un musical. De hecho, en esta película se hace clara referencia a la obra a través de un musical llamado The Haunting of the Opera. Sin embargo, Stage Fright agrega además elementos cómicos, combinando asesinatos y sangre con el optimismo de las producciones de Broadway. Debido a esto, su esencia se acerca más a cintas como The Rocky Horror Picture Show (1975) o Little Shop of Horrors (1986), aunque con un resultado más irregular.

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Behind the Mask: The Rise of Leslie Vernon (2006)

ImageNo es raro que los géneros cinematográficos, al estar conformados por una serie de reglas definidas, se conviertan en caldo de cultivo para clichés y lugares comunes. El slasher es un caso extremo, ya que al estar estructurado sobre elementos prácticamente inamovibles, deja escasa libertad para poder experimentar con nuevas variantes. Películas como Halloween, Friday the 13th, A Nightmare on Elm Street, Black Christmas, The Prowler y My Bloody Valentine solo se diferencian entre sí por elementos como el lugar donde están ambientadas o el arma que ocupa el asesino. No es de extrañar que el boom de este subgénero haya durado solo una década, y que esfuerzos de revitalizarlo -como la saga de Scream– solo hayan tenido un efecto relativo, sin llegar a recuperar la fuerza que tuvo durante los años 80. La repetición de la misma premisa y el surgimiento de sagas con múltiples secuelas terminaron por aburrir al público.

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